«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista, escritor e historiador. Director y presentador de 'El Gato al Agua' de El Toro TV.

Sánchez no está solo

7 de julio de 2026

Desde 2018 han entrado en España 3,7 millones de extranjeros. Son las cifras oficiales. A eso hay que sumar los inmigrantes ilegales. Si tomamos como referencia la última cifra ofrecida por Sanidad sobre el número de ilegales atendidos en el sistema sanitario, habría que añadir 1,2 millones de personas más. La última regularización nos colocará con toda seguridad en un total de alrededor de seis millones de extranjeros. Súmense a los 5,4 millones de inmigrantes que habían llegado antes de 2018. En total, nos acercamos a los 11 millones de personas. Es claro que España está adoptando una política deliberada de disolución de la identidad nacional por la vía de hacer entrar a un elevadísimo porcentaje de población extranjera. Pero Sánchez no está solo.

Hay quien, ingenuo, anuncia que apelará ante Bruselas por el evidente problema que esto va a generar en una Europa de «libre circulación». Pero que el ingenuo abandone toda esperanza. En Francia la población inmigrante se ha multiplicado por dos desde 2015. En el Reino Unido subió un 50% desde ese año y se disparó en 2022 después del Brexit. En Alemania entraron más de tres millones de personas desde 2015. La misma historia se puede contar en otros países de la Unión Europea. “Bruselas” no ha movido nunca un dedo para evitarlo, al revés: la Unión adoptó represalias contra los países que intentaron cerrar las puertas, como Hungría, no contra los que las abrían. Porque la migración de reemplazo demográfico ha sido una política querida, deseada, planificada y ejecutada desde Bruselas. España aún no había completado la tarea. Hasta ahora. Así que Sánchez, en efecto, no está solo: ha sido el peón que la UE necesitaba para hacer el trabajo.

Yo ya sé que, en el imaginario colectivo de la derecha social, Sánchez es una especie de rojo furibundo que quiere instalar en España una dictadura comunista, y es verdad que el personaje tiene claras hechuras de tirano, pero conviene poner las cosas en su sitio. La retórica roja de nuestro Gobierno sólo es humo para narcotizar a un electorado ostensiblemente cerril, capaz de tragarse a bocanadas, como un gigantesco porro ideológico, la venganza de la guerra civil, la exhumación de Franco y la reivindicación palestina. La verdad es que, bajo el Gobierno Sánchez, Iberdrola ha multiplicado por dos sus beneficios, como el Banco Santander. Cosa parecida puede decirse de otras grandes firmas como Naturgy. Mientras tanto, Black Rock aumentaba su presencia en la Bolsa española hasta superar los 100.000 millones de euros. La política socialista ha consistido en poner alfombra roja al gran capital y machacar a impuestos a la ciudadanía para sufragar una extensa política clientelar. El salario medio ha disminuido un 3,4% desde 2018 por efecto de la inflación y la fiscalidad. El aumento del precio de la vivienda está en torno al 30%. El coste de la vida ha subido por encima del 20%. Los índices de precariedad social aumentan a velocidad constante año tras año. Es difícil imaginar una política más lesiva para las clases trabajadoras. Y tampoco en esto Sánchez está solo.

Lo que el Gobierno Sánchez representa no es sólo la pulsión de un tirano al frente de una cuadrilla sepultada en olas de corrupción. Sánchez hace la política que otros quieren que haga, como demostró cuando su súbito gesto de sumisión ante Marruecos. Precisamente por eso se mantiene en el poder. No es sólo una cuestión de política nacional. El tablero del poder es mucho más grande. Las ambiciones separatistas, la complicidad de unos medios corruptos y el fanatismo de un electorado lobotomizado son ingredientes necesarios en el guiso, pero, por así decirlo, el sabor de la receta es otro: Pedro Sánchez es el tipo escogido para hacer aquí lo que otros han hecho en otros lugares, a saber, diluir toda potencia nacional y arrasar el campo para que se instalen poderes a los que nadie ha elegido. Por ejemplo, esos poderes que arrasan nuestros campos de olivos para poner placas fotovoltaicas mientras importamos aceite marroquí a mansalva.

Es previsible que el teatrillo de Sánchez se desmorone por su corrupción, su incompetencia y su desmesura. Pero es importante entender que el problema va mucho más allá. Y que Sánchez (aún) no está solo.

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