«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Quince años en el diario líder de información económica EXPANSIÓN, entonces del Grupo Recoletos, los tres últimos años como responsable de Servicios Interactivos en la página web del medio. Luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico ALBA, escribió opinión en ÉPOCA, donde cubrió también la sección de Internacional, de la que fue responsable cuando nació (como diario generalista) LA GACETA. Desde hace unos años se desempeña como freelance, colaborando para distintos medios.

El peligro rojo en Nueva York es real

6 de julio de 2026

Trump está siendo universalmente ridiculizado por su última declaración en su propia red social, Truth, advirtiendo del peligro comunista como un McCarthy con más de medio siglo de retraso.

Pero McCarthy ha demostrado ser un visionario: tenía razón en su momento cuando hablaba de la infiltración comunista en la administración americano, como avalaron los ‘Venona Papers’ desclasificados tras la caída de la URSS, y sigue teniendo razón ahora, al menos en parte.

Los críticos de Trump pueden alegar que lo que tenemos ahora no es exactamente comunismo, que es otra cosa, que corremos más riesgo de ser dominados por un puñado de multinacionales e instituciones financieras que por un Comité Central. Pero eso supone establecer una distinción que no afecta al ominoso resultado. Hace décadas que los grandes conglomerados comerciales han jaleado la ideología más izquierdista imaginable, lo woke. Pero hay, al menos, un lugar donde la visión de Trump parece desplegarse a la vista de todos, y no un lugar menor: la Gran Manzana, la Meca del Capitalismo, la ciudad de Nueva York.

Allí, en nuevo alcalde Zohran Mamdani, cuyo lema de campaña era «sustituiremos el rudo individualismo por la calidez del colectivismo», apostó recientemente por tres aspirantes al Congreso y los tres ganaron; además, en la pelea por la Legislatura del estado, sus Socialistas Democráticos de América (DSA) se quedaron con siete de los ocho puestos en disputa, pese a los millones de dólares donados para frenarlos.

Hace no tanto uno oía al ‘cuñao’ que volvía de Estados Unidos asegurando que el Partido Demócrata estaba bastante a la derecha de nuestro Partido Popular, no digamos el Republicano. Cualquiera, entonces, se hubiera carcajeado de una América cercana al socialismo. Pero hoy es un hecho confirmado por todas las grandes demoscópicas que el electorado demócrata —y especialmente sus generaciones más jóvenes— ha experimentado en quince años un desplazamiento ideológico espectacular, hasta el punto de que hoy el socialismo goza entre ellos de una aceptación claramente superior a la del capitalismo. Y los demócratas han ocupado la Casa Blanca un año más que los republicanos en lo que va de siglo.

¿Cómo es posible que el vencedor de la Guerra Fría contra el comunismo esté virando hacia el socialismo, después del desastroso historial de esa ideología en todo el planeta, que hasta un ciego podría comprobar? La propia ciudad de Nueva York, ¿cómo puede seguir votando por candidatos abiertamente socialistas, cuando toda su prosperidad depende de la continuidad del libre mercado y cuando los nefastos resultados de la propia administración Mamdani son ya visibles?

No hay una única respuesta, pero quizá el factor más importante sea la enorme proporción de habitantes de Nueva York que no han nacido en América y proceden mayoritariamente del Tercer Mundo. Para estos, la ciudad nunca estará tan mal como sus lugares de origen, y Mamdani les ofrece un ventajoso “gratis total”. Da igual si con una administración más moderada las cosas podrían mejorar económicamente para el conjunto del país; ese no es su problema.

Al final, el llamado ‘Efecto Curly’. Curly, un desastroso alcalde de Boston en los años treinta, logró seguir ganando elecciones pese a hundir la ciudad con sus políticas demagógicas, precisamente porque los que se oponían a ellas huían de Boston y desaparecían, por tanto, de su censo electoral. Al final solo quedaban los votantes de Curly.

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