«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Ana Redondo corrige a Linneo

6 de julio de 2026

Hasta hace poco tiempo se ha discutido si los neandertales y los Homo sapiens se cruzaron y tuvieron descendencia fértil. La hibridación entre estas especies ofrecía materia para un debate que excedía ampliamente el ámbito de los laboratorios. Sin embargo, en el genoma de las poblaciones europea, asiática y americana nativa permanece entre un 1% y un 2% de ADN neandertal. El porcentaje baja prácticamente a cero entre los subsaharianos. La razón es que el ayuntamiento carnal interespecie se dio en Eurasia hace, al menos, 140.000 años. Según parece, la coyunda se dio mayoritariamente entre varones neandertales y mujeres Homo sapiens.

Antes de que se conociera esa fusión de especies, en 1758, Carlos Linneo dio a los seres humanos el nombre científico Homo sapiens. El naturalista sueco otorgó esa denominación tanto a los varones como a las hembras. Sin embargo, más de dos siglos y medio después, la Ministra de Igualdad de España ha roto esa unidad durante intervención en el curso de verano organizado por la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial. Concretamente, Redondo dijo que los hombres y mujeres son especies «radicalmente distintas que no tienen mucho que ver». Mientras los cimientos de la taxonomía se tambaleaban, doña Ana prosiguió desarrollando su novedosa teoría. Generosa, en un inesperado giro de tuerca del darwinismo, pidió que a los hombres se les ayudara a «evolucionar». Como contrafigura de la especie masculina apareció la femenina que hace tiempo se ha «liberado de estereotipos». Las mujeres, dijo, «nos hemos incorporado al mercado laboral y a los cuidados, pero ellos creo que todavía están anclados en unos privilegios que tampoco lo son tanto, porque el negar los sentimientos o la debilidad es muy perjudicial para cualquier ser humano», sea este de la especie que sea, le faltó añadir.

En su intervención también abordó un tema bien conocido en la empresa radicada en Ferraz, el de la prostitución, a menudo embozado bajo el clásico recurso de «la sobrina». Su conclusión fue que el meretricio, los servicios sexuales remunerados si nos ponemos exquisitos y mercantilistas son «la forma de patriarcado más aberrante». Nada dijo, sin embargo, de figuras tan añejas como la alcahueta o la afrancesada madame, ambas encarnadas por miembros miembras, según el neologismo acuñado por Bibiana Aído- de la especie femenina alumbrada en El Escorial.

Para rematar su intervención, Redondo acusó del origen de la desigualdad que le ha obligado a enmendar la plana a Linneo a construcciones «filosófico-religiosas» que han utilizado trucos como el de «la costilla de Adán» para subordinar a la especie femenina, marginada desde tiempos del Génesis hasta hoy. Un recurso costillar que choca con la idea que tiene de las sociedades prehistóricas, que considera paritarias. Antes de abandonar la sala y poner patas arriba una taxonomía que se creía asentada, Redondo arremetió contra el reggaetón por su contenido sexualizado y machista. No lo tuvo, sin embargo, para comentar el comportamiento, yo diría que algo sexualizado, de esas mujeres que acudieron solícitas a la Casita de Bad Bunny.

La catarata de memeces desencadenada por la ministra no tendría más transcendencia si no fuera porque ella y su ministerio constituyen una referencia para muchas mujeres que creen en la lucha de sexos, fantasía que impide ir a la raíz de la violencia que sufren muchas de ellas.

Sea como fuere, la industria sexista nos sigue proveyendo de disparates metafísicos como el brotado del caletre de Mayte Gómez Molina, escritora que afirma que «cuando miras a otra mujer y piensas que está gorda, en realidad es un hombre el que está mirando a través de tu propia cabeza».

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