El Partido Laborista británico, liderado por Keir Starmer, prepara una reforma legal que incluirá una definición oficial de islamofobia. La propuesta, que sus dirigentes presentan como un paso hacia la igualdad, ha encendido las alarmas entre la oposición, que advierte de que esta medida podría convertirse en una herramienta de censura y otorgar privilegios a un colectivo frente al resto de la sociedad.
Claire Coutinho, ministra en la sombra para Igualdad, criticó con dureza la iniciativa. Según afirmó, institucionalizar una definición de islamofobia no sólo cerraría debates incómodos pero necesarios sobre cuestiones como el extremismo islamista, la igualdad de género o la explotación sexual de menores, sino que además podría favorecer que se silencien denuncias legítimas.
«La estrategia de los laboristas —explicó Coutinho— corre el riesgo de reforzar la misma cultura del silencio que permitió que redes de abusadores actuaran durante años sin rendir cuentas. Si se convierte en una definición sancionada por el Estado y aplicada en organismos públicos, acabará limitando la libertad de expresión y dificultando hablar de problemas reales dentro de algunas comunidades».
La diputada conservadora ha alertado también de que conceder un «estatus especial» a un grupo en particular no hace más que sembrar más divisiones sociales y deteriorar la cohesión entre comunidades. En su opinión, la medida no promueve la convivencia, sino que genera recelo entre los ciudadanos que perciben un trato desigual.