El pasado martes, la Fundación Patriotas por Europa reunió en el Parlamento Europeo al profesor John Mearsheimer, catedrático de la Universidad de Chicago y una de las voces más influyentes del realismo político internacional. Ante una audiencia abarrotada, el académico ofreció un diagnóstico contundente sobre la decadencia estructural del continente europeo, al que definió como «un espacio cada vez más débil, dividido y sin brújula estratégica«.
Mearsheimer, conocido por su crítica al idealismo liberal, explicó que el declive europeo no comenzó con la guerra del Este, sino con el abandono progresivo de su autonomía militar y política. Según dijo, Europa «se ha acostumbrado a vivir bajo el paraguas protector de Estados Unidos» y ya no posee la capacidad ni la voluntad para definir su destino. «El viejo continente depende del pacificador americano, pero Washington mira ahora hacia Asia. Trump no quiere salvar a Europa, y su sucesor tampoco. Si Estados Unidos se va, la OTAN se derrumbará«, afirmó con rotundidad.
El académico situó la raíz del problema en una élite europea seducida por el mito del globalismo liberal, convencida durante tres décadas de que el orden internacional podía moldearse «a imagen y semejanza del modelo estadounidense». «Europa confundió prosperidad con poder y burocracia con liderazgo. Hoy no puede defenderse, ni siquiera gobernarse con claridad«, señaló, recordando que la presencia militar norteamericana fue la que, tras 1945, garantizó la paz y no la Unión Europea como afirman sus defensores. «Sin Estados Unidos —dijo— el proyecto europeo sería incapaz de contener sus propias tensiones internas«.
Para Mearsheimer, el continente se enfrenta a un triple desafío existencial: una pérdida de cohesión política dentro de la UE, un vacío estratégico ante el giro estadounidense hacia Asia y una falta de visión común sobre su papel en el mundo multipolar. En su análisis, el futuro europeo dependerá de si logra reconstruir una defensa autónoma, redefinir su relación con Estados Unidos y superar el dogma tecnocrático que impide pensar en términos de poder.
«La historia no ha terminado, como proclamó Fukuyama. Apenas vuelve a comenzar, y Europa sigue sin mapa ni brújula«, advirtió el profesor de Chicago.
Su mensaje final fue una llamada a la responsabilidad: «Europa debe aprender a vivir sin las ilusiones del globalismo liberal y sin la tutela de Washington. Si no lo hace, acabará siendo una provincia dependiente en el nuevo orden multipolar«.