
Irlanda sirvió salchichas de cerdo a varios hombres deportados a Pakistán en su primer vuelo chárter de expulsión hacia el país asiático, pese a tratarse de un destino de mayoría musulmana. El incidente aparece recogido en un informe de supervisión de derechos humanos obtenido por The Irish Times y el Daily Mail tras una batalla de acceso a la información con el Departamento de Justicia irlandés.
El vuelo partió de Dublín con destino a Islamabad el pasado 23 de septiembre y trasladó a 24 hombres sujetos a órdenes de deportación. La operación tuvo un coste de 473.000 euros y formó parte de la ofensiva del Gobierno irlandés contra la inmigración ilegal.
Según el informe, durante el trayecto se sirvió un «desayuno irlandés completo» que incluía salchichas de cerdo. El monitor independiente designado por el Departamento de Justicia señaló que varios agentes de la Garda —la Policía irlandesa— consideraron que la comida ofrecida a bordo era de una calidad inferior a la esperada y que la inclusión de cerdo resultaba «inapropiada» en un vuelo con destino a Pakistán.
El documento añade que se entendía que había comida halal disponible, aunque esa exigencia no había sido especificada en el informe operativo del vuelo. Tras conocerse el caso, la empresa aeronáutica Air Partner, encargada de organizar vuelos de deportación para sus clientes, modificó el menú de catering para futuras operaciones.
El episodio resulta llamativo no sólo por el error logístico, sino también por el contexto en que se produjo: un vuelo de deportación organizado en plena presión migratoria sobre Irlanda y bajo la supervisión de autoridades, médicos, intérpretes y observadores independientes.
La operación contó con agentes de la Garda, un médico, un intérprete y un monitor encargado de vigilar el trato a los deportados, el uso de restricciones y las condiciones generales a bordo. El informe concluyó que la deportación se desarrolló de forma «humana» y con respeto a los «derechos y dignidad» de los retornados, aunque identificó varios incidentes durante el trayecto.
Dos de los hombres deportados habían sido considerados de alto riesgo: uno por antecedentes delictivos y otro por su comportamiento mientras estaba en prisión. Varios agentes fueron asignados a cada deportado para garantizar la seguridad de la operación.
Uno de los hombres se alteró durante el embarque al creer que un agente lo estaba grabando con un teléfono móvil. Según el informe, finalmente fue persuadido para subir al avión y después se confirmó que, efectivamente, se estaba realizando una grabación.
Tras aterrizar en Islamabad, dos deportados regresaron al avión en estado de agitación. Uno afirmó que no le habían devuelto su teléfono móvil y otro aseguró no encontrar su equipaje. El informe señaló que ambos fueron tranquilizados y que se les informó de que sus pertenencias serían devueltas, aunque los retrasos con los efectos personales aparecen como un problema recurrente en varios vuelos de deportación.
Irlanda fletó el año pasado vuelos de expulsión a Pakistán, Georgia, Nigeria y Rumanía por un coste aproximado de un millón de euros. Según el Departamento de Justicia, al menos 205 inmigrantes ilegales y delincuentes condenados fueron expulsados en esas operaciones.
La legislación migratoria irlandesa permite ofrecer hasta 10.000 euros a solicitantes de asilo para que regresen voluntariamente a sus países de origen. Quienes rechazan abandonar el país tras recibir una orden de deportación pueden ser expulsados por la fuerza, incluidos vuelos chárter.
El ministro de Justicia irlandés, Jim O’Callaghan, también ha sugerido que estaría abierto a enviar a solicitantes de asilo rechazados a centros de procesamiento fuera de la Unión Europea, en una línea similar a otros modelos debatidos en Europa.