Estados Unidos ha abierto conversaciones sobre el posible despliegue de más armas nucleares en Europa, en plena redefinición de su presencia militar en el continente y mientras la Administración de Donald Trump retira tropas y sistemas convencionales de varios países aliados.
Según informa Financial Times, funcionarios estadounidenses han planteado la posibilidad de ampliar el número de países de la OTAN que alojan bombas nucleares estadounidenses lanzadas desde aeronaves. Las conversaciones se producen en un contexto de creciente preocupación entre los aliados europeos por el repliegue parcial de Washington y por la amenaza rusa en el este del continente.
La medida tendría como objetivo enviar una señal clara a Moscú y, al mismo tiempo, tranquilizar a los miembros europeos de la Alianza Atlántica: aunque Estados Unidos reduzca parte de su apoyo convencional, mantendrá intacto su paraguas nuclear sobre Europa.
Actualmente, Reino Unido, Bélgica, Turquía, Italia, Alemania y Países Bajos están autorizados a albergar aeronaves de doble capacidad bajo el programa de reparto nuclear de la OTAN, acompañadas por armas nucleares tácticas estadounidenses desplegadas en territorio europeo.
Estas bombas, de menor potencia que los misiles estratégicos de largo alcance, están diseñadas para un eventual uso en el campo de batalla. A diferencia de las armas nucleares estratégicas, capaces de destruir ciudades enteras a miles de kilómetros, las tácticas forman parte de la disuasión militar directa dentro del teatro europeo.
Estados Unidos mantiene armas nucleares tácticas en Europa desde 1954, en el marco de los planes elaborados durante la Guerra Fría. Las bombas se almacenan en bases europeas protegidas por fuerzas estadounidenses y sólo pueden utilizarse bajo autorización de Washington.
El programa fue diseñado para ofrecer mayor protección a aliados no nucleares sin obligarlos a desarrollar sus propias armas atómicas. Los ejércitos europeos que operan aviones con capacidad nuclear, como el F-35A o el F-15, participan habitualmente en ejercicios dirigidos por Estados Unidos para practicar el empleo de estas bombas bajo mando estadounidense.
El posible aumento del arsenal nuclear en Europa encaja con las propuestas de una nueva arquitectura de la OTAN defendidas por Elbridge Colby, alto funcionario del Pentágono encargado de revisar el despliegue global de fuerzas estadounidenses.
Colby ha planteado retirar tropas y sistemas convencionales de Europa para concentrar más recursos en el Indo-Pacífico, donde Washington considera prioritaria la contención de China. Esa estrategia ya se ha traducido en la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania y en la cancelación de los planes para desplegar misiles Tomahawk de largo alcance en ese país.
Sin embargo, la reducción del componente convencional no implicaría una renuncia al compromiso nuclear de Estados Unidos con Europa. La idea de Washington es que los aliados europeos asuman más responsabilidad en su defensa convencional frente a Rusia, mientras Estados Unidos mantiene la disuasión nuclear como garantía última de seguridad.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, resumió recientemente ese equilibrio tras una reunión de la Alianza. «Existe un entendimiento común de que, aunque Estados Unidos girará más hacia otros escenarios, la disuasión y defensa general en Europa debe mantenerse igual», afirmó.
Países como Polonia y los Estados bálticos, que comparten frontera o proximidad directa con Rusia, estarían interesados en acoger nuevas armas nucleares estadounidenses en caso de ampliarse el programa. No obstante, los despliegues no serían inminentes.
La discusión se produce en un momento de máxima tensión estratégica. Rusia ha desplegado armas nucleares en Bielorrusia y mantiene una política de presión militar sobre el flanco oriental de Europa, mientras la guerra en Ucrania ha obligado a la OTAN a revisar sus capacidades de defensa, munición, industria militar y disuasión.
Francia también mantiene conversaciones con aliados europeos sobre la posibilidad de alojar por primera vez armas nucleares tácticas francesas en bases extranjeras. Alemania, Suecia y Polonia habrían abordado esas negociaciones inéditas con el presidente francés, Emmanuel Macron.