La cara oculta del modelo migratorio polaco
La inmigración transforma la Polonia rural: algunas pequeñas ciudades ya superan el 30% de población extranjera
La inmigración transforma la Polonia rural: algunas pequeñas ciudades ya superan el 30% de población extranjera
Bandera de Polonia. Europa Press
Por LGI
12 de septiembre de 2026

Polonia se ha convertido en uno de los principales destinos de inmigración laboral de Europa, pero el fenómeno no se concentra únicamente en Varsovia, Cracovia o las grandes ciudades. Son numerosas localidades pequeñas y zonas industriales las que están absorbiendo buena parte de la llegada de trabajadores extranjeros, hasta el punto de que algunos municipios presentan porcentajes de población foránea superiores al 30%.

Según los últimos datos de Statistics Poland (GUS), Mszczonów alcanza un 31,7% de población extranjera y Mława un 27,8%, porcentajes muy superiores a los registrados en Varsovia —14,5%— o Cracovia —11,3%—. A finales de 2025 residían en Polonia unos 2,3 millones de extranjeros, cerca del 6% de la población total. Los ciudadanos ucranianos representaban el 73% del conjunto.

Más de cuatro millones de visados en cinco años

El crecimiento no es accidental. Entre 2018 y 2023, durante los últimos años de Gobierno de Ley y Justicia (PiS), Polonia expidió más de cuatro millones de visados y 11,5 millones de documentos destinados a legalizar estancias, incluidos permisos de trabajo.

El país mantiene además una posición destacada dentro de la Unión Europea en inmigración laboral. En 2024 concedió 337.874 primeros permisos de residencia por motivos de empleo, más que cualquier otro Estado miembro, principalmente a ciudadanos ucranianos y bielorrusos.

La paradoja resulta evidente: mientras la política polaca mantiene un discurso muy duro contra la inmigración ilegal procedente de Bielorrusia y contra los errores cometidos por Europa occidental, la economía del país se ha apoyado cada vez más en la llegada masiva de mano de obra extranjera por vías legales.

Mano de obra barata para industria y servicios

La llegada de inmigrantes se concentra especialmente en las zonas donde las empresas necesitan trabajadores para empleos duros, poco cualificados o relativamente mal remunerados. Industrias agroalimentarias, fábricas de muebles, cadenas de distribución, logística y agricultura recurren intensamente a mano de obra extranjera.

En el sector frutícola, algunas empresas emplean casi exclusivamente a extranjeros durante las campañas de recogida. Un importante productor de arándanos llegó a reconocer que los inmigrantes representaban alrededor del 70% de su plantilla después de sustituir progresivamente a trabajadores polacos.

La petrolera y energética Orlen también ha recurrido a miles de trabajadores extranjeros para sus grandes proyectos industriales. Cerca del complejo petroquímico Olefins III, próximo a Płock, llegó a levantarse una ciudad de contenedores diseñada para albergar a unos 6.000 empleados.

Una «privatización de la inmigración»

El modelo polaco ha sido definido por el director del Centro de Investigación sobre Migraciones de la Universidad de Varsovia, Paweł Kaczmarczyk, como una «privatización de la inmigración».

El argumento es que empresas y agencias privadas obtienen los beneficios económicos derivados de importar trabajadores baratos, mientras los costes sociales, administrativos y de integración terminan recayendo sobre el conjunto de la sociedad y las administraciones locales.

La presión empresarial ha desempeñado un papel decisivo. Durante años, compañías y patronales han reclamado procedimientos más rápidos para incorporar extranjeros al mercado laboral, mientras las agencias de trabajo temporal han actuado como intermediarias.

El resultado ha sido un sistema en el que la demanda de trabajadores por parte de las empresas ha terminado marcando buena parte del ritmo migratorio, en ocasiones por delante de una estrategia estatal claramente definida.

Irregularidades en casi todas las agencias inspeccionadas

El rápido crecimiento de este mercado ha generado también numerosos problemas. En 2025, la Inspección Nacional de Trabajo detectó irregularidades en el 95,8% de las agencias de empleo temporal que inspeccionó, según los datos citados en el análisis.

Trabajadores colombianos han denunciado condiciones como habitaciones compartidas por cinco personas, cobros por ropa de protección, exámenes médicos o permisos de residencia y jornadas de siete días semanales. También se han registrado casos de presunta trata de personas y denuncias por impago de salarios o retención de documentos de viaje.

En mayo, la Guardia Fronteriza anunció además la detención de tres personas acusadas de crear alrededor de 130 empresas ficticias para presentar más de 11.000 declaraciones falsas de contratación de extranjeros, documentos que después podían utilizarse para obtener visados y cruzar legalmente la frontera.

Las pequeñas ciudades soportan el mayor impacto

El fenómeno resulta especialmente visible en municipios pequeños y medianos. La vivienda más barata y la proximidad a fábricas y centros logísticos han provocado que la inmigración laboral se concentre en territorios alejados de los grandes centros urbanos, donde el cambio demográfico se percibe con mucha más intensidad.

En algunas de estas localidades, la llegada rápida de población extranjera está generando tensiones políticas, mayores costes para los servicios locales y una creciente sensación de transformación social.

El análisis señala además que este fenómeno puede estar alimentando el crecimiento electoral de fuerzas situadas a la derecha de PiS, como Confederación y la formación de Grzegorz Braun, especialmente en zonas provinciales donde Ley y Justicia había sido tradicionalmente dominante.

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