la francia insumisa intenta cancelar estos eventos
La izquierda francesa acusa de «ofensivos para los musulmanes» a los banquetes en los que se sirve cerdo y se canta La Marsellesa
La izquierda francesa acusa de «ofensivos para los musulmanes» a los banquetes en los que se sirve cerdo y se canta La Marsellesa
Musulmanes en Francia. Redes sociales
Por LGI
7 de septiembre de 2026

Cerdo, vino, productos locales, canciones populares y La Marsellesa. Los multitudinarios banquetes que se extienden por Francia para reivindicar la gastronomía y las tradiciones del país se han convertido en un nuevo frente de la batalla cultural. Sectores de la izquierda han puesto estas celebraciones en el punto de mira y acusan a sus organizadores de utilizar la identidad francesa y los menús con abundante carne de cerdo para excluir a los musulmanes y promover de forma encubierta un proyecto político de derechas.

El último episodio se ha producido en Bourges, en el centro de Francia, donde alrededor de 1.800 personas participaron este domingo en uno de los denominados banquets géants. Los asistentes cantaron La Marsellesa y clásicos de la música francesa mientras compartían vino, embutidos, costillas de cerdo, pollo, chorizo, quesos y otros productos de la región.

La celebración está organizada por Le Canon Français, una empresa creada hace cinco años por Géraud de la Tour y Pierre-Alexandre de Boisse. Sus eventos se han multiplicado por el país hasta reunir a más de 120.000 clientes, según sus responsables. El mayor de sus banquetes congregó durante dos días el pasado junio a 12.000 personas.

El éxito de la iniciativa ha provocado la reacción de la izquierda francesa. La Francia Insumisa (LFI) y varios sindicatos trataron de organizar a escasos metros del banquete de Bourges un denominado «Pueblo contra la Discriminación». Finalmente cancelaron la protesta después de denunciar que sus militantes habían recibido cientos de mensajes amenazantes e insultos racistas.

LFI también cargó contra el alcalde de centroizquierda de Bourges por permitir la celebración por tercer año consecutivo y le acusó de «ceder ante la extrema derecha». El Ayuntamiento rechazó impedirla al considerar que no existía ninguna justificación legal para prohibir el encuentro y recordó que las ediciones anteriores se habían desarrollado sin incidentes.

La polémica se centra especialmente en el carácter abiertamente francés de los encuentros. Los asistentes cantan el himno nacional, escuchan canciones tradicionales, consumen productos locales y el cerdo ocupa un lugar destacado en los menús. Los críticos interpretan estos elementos como una forma de exclusión de la población musulmana.

El senador comunista por París Ian Brossat calificó directamente los banquetes como un «caballo de Troya de la extrema derecha». Un activista antifascista de Bourges entrevistado durante la celebración acusó además a sus responsables de fantasear con una Francia «100% cristiana y blanca» que «sólo come cerdo».

Los organizadores rechazan estas acusaciones. «La Marsellesa y las canciones clásicas francesas forman parte del patrimonio», defendió Pierre-Alexandre de Boisse. «Intentamos cocinar carne local y gastronomía local. ¿Cuál es el problema?», añadió.

De Boisse niega además que Le Canon Français funcione como plataforma política: «No somos la antesala de Agrupación Nacional ni de nadie». Sí admite que calcula que entre el 60% y el 70% de quienes acuden a sus encuentros podrían votar a Marine Le Pen, algo que atribuye al perfil fundamentalmente rural de los participantes y al fuerte respaldo electoral que Agrupación Nacional tiene en esas zonas.

La empresa obliga, de hecho, a los asistentes a aceptar unas normas que prohíben el proselitismo político y los comentarios discriminatorios, racistas, sexistas o antisemitas. Sus responsables aseguran que pretenden mantenerse alejados de la política.

«Si vas al Oktoberfest, es puramente alemán. Si vas a un festival inglés, será inglés. Nosotros simplemente decimos: somos franceses y ya está», explicó De Boisse. «Estamos orgullosos de celebrar nuestra cultura, pero no creemos que nuestra cultura sea de derechas, de izquierdas o de centro».

Otro de los argumentos utilizados contra los banquetes es la entrada como accionista minoritario de un fondo vinculado al empresario Pierre-Édouard Stérin, que ha financiado iniciativas conservadoras relacionadas con la reducción de la inmigración, la oposición al aborto y la defensa de la herencia cristiana francesa.

Los fundadores sostienen, sin embargo, que Stérin no interviene en el funcionamiento de la compañía. Géraud de la Tour asegura que nunca han tratado directamente con él y que el fondo posee únicamente una participación minoritaria sin influencia sobre la gestión cotidiana.

Entre los participantes, la controversia política contrasta con una reivindicación mucho más elemental de las costumbres nacionales. Pierre Niederkorn, jubilado de 75 años, defendió que estas reuniones sirven para demostrar «que estamos en nuestra casa». «Comemos cerdo, cantamos La Marsellesa. No queremos comer halal ni nada parecido», afirmó.

Otros asistentes atribuyen el éxito a la desaparición progresiva de los espacios tradicionales de convivencia en las zonas rurales. Los organizadores sostienen que cada vez quedan menos bares y lugares de reunión en los pueblos y presentan los banquetes como una recuperación de las antiguas fiestas comunitarias.

Cada participante pagó 79,99 euros por el banquete celebrado en Bourges. El modelo continúa creciendo mientras Francia se aproxima a unas elecciones presidenciales en las que la inmigración, la identidad nacional y el futuro cultural del país vuelven a ocupar un lugar central en la disputa política.

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