Francia calcula que entre 125.000 y 139.000 mujeres viven con las consecuencias de esta práctica
La mutilación genital femenina golpea al cinturón multicultural de París: más del 7% de las mujeres están afectadas en Saint-Denis
La mutilación genital femenina golpea al cinturón multicultural de París: más del 7% de las mujeres están afectadas en Saint-Denis
Policía de Francia. Europa Press
Por LGI
16 de agosto de 2026

La mutilación genital femenina continúa siendo una realidad alarmante en Francia, especialmente en Seine-Saint-Denis, el departamento situado al norte y este de París que concentra una elevada población procedente de países donde esta práctica sigue extendida.

Un estudio piloto realizado en centros sanitarios y difundido por Santé publique France estimó que alrededor del 7,2% de las mujeres de entre 18 y 45 años de Seine-Saint-Denis habían sufrido mutilación genital femenina. La estimación equivale a unas 22.500 mujeres adultas y su intervalo superior podría acercarse al 10% de la población femenina analizada.

En otras palabras, en el escenario más elevado contemplado por el estudio, hasta una de cada diez mujeres podría haber sido víctima de esta práctica en uno de los departamentos más multiculturales de Francia.

La cifra contrasta con otros territorios franceses: la prevalencia estimada ronda el 1% en Rhône y se sitúa por debajo de ese porcentaje en Alpes-Maritimes. A escala nacional, distintas estimaciones sitúan entre 125.000 y 139.000 las mujeres que viven en Francia con las consecuencias de una mutilación genital.

El riesgo se concentra entre mujeres procedentes de determinados países africanos

Los datos muestran una relación muy marcada con el país de origen. En Seine-Saint-Denis, alrededor del 24% de las mujeres incluidas en el estudio procedían de países considerados de alta prevalencia, principalmente Mali, Costa de Marfil, Senegal y Guinea.

Dentro de este grupo, la proporción de mujeres que habían sufrido mutilación genital alcanzaba aproximadamente el 30%. El riesgo disminuye considerablemente entre las mujeres nacidas en Francia a partir de mediados de los años noventa, pero el problema no ha desaparecido.

Las autoridades y asociaciones especializadas han documentado casos de niñas criadas en Francia que son llevadas durante las vacaciones al país de origen de sus familias y regresan después de haber sido sometidas al procedimiento. Mathilda Silva, portavoz del colectivo feminista Némésis, ha denunciado precisamente esta dinámica.

«Los padres llevan a la niña de vacaciones a su país de origen y, cuando vuelve, ha sufrido la mutilación», explicó, señalando especialmente a determinados países del África subsahariana donde esta práctica continúa vigente.

Una práctica ilegal que puede provocar la muerte

La mutilación genital femenina está terminantemente prohibida por la legislación francesa y puede ser perseguida incluso cuando se practica en el extranjero sobre menores residentes en Francia. Sus consecuencias pueden acompañar a las víctimas durante toda la vida.

Entre los riesgos inmediatos figuran hemorragias graves, infecciones, dolor extremo y shock, mientras que a largo plazo pueden producirse complicaciones durante el embarazo y el parto, dolor crónico, problemas sexuales y graves secuelas psicológicas.

«Es una tortura abominable, practicada muchas veces en condiciones higiénicas absolutamente deplorables. Hay mujeres que pierden la vida y muchas quedan traumatizadas para siempre», ha denunciado Silva. El problema ha obligado a crear unidades sanitarias especializadas. En el hospital André-Grégoire de Montreuil funciona desde 2017 un servicio dedicado a mujeres que han sufrido mutilación genital, con cirugía reconstructiva, asistencia psicológica y atención sexológica.

Los propios datos de maternidad del centro reflejan la dimensión del fenómeno: alrededor del 13% de las mujeres atendidas en algunos registros obstétricos presentaban mutilación genital femenina.

Decenas de miles de mujeres afectadas en Francia

La expansión del problema ha convertido la mutilación genital en uno de los mayores desafíos asociados a determinadas prácticas importadas desde sociedades donde continúa teniendo una fuerte implantación cultural.

Aunque Francia la prohíbe desde hace décadas, la llegada y consolidación de comunidades procedentes de países con altas tasas de mutilación genital ha obligado al sistema sanitario y educativo a desplegar programas específicos de prevención y detección.

La práctica afecta principalmente a niñas y mujeres originarias de determinadas regiones de África, Oriente Próximo y Asia, aunque los datos franceses muestran que el fenómeno se concentra especialmente entre comunidades procedentes del África subsahariana.

Silva sostiene que el debate no puede reducirse al multiculturalismo o al respeto por tradiciones de origen. «Estamos hablando de torturas infligidas a decenas de miles de mujeres y niñas, así que quizá sea hora de actuar», señaló.

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