
El rechazo global a los proyectos de energía eólica, solar y de baterías no deja de crecer. El caso más reciente se ha producido en Bélgica, en la localidad de Loppem (Flandes Occidental), donde ha sido cancelado un proyecto que incluía un aerogenerador de 200 metros de altura. Según BrusselsMorning, la iniciativa se ha derrumbado tras 882 objeciones vecinales, la oposición municipal y problemas relacionados con el patrimonio histórico, ya que el lugar se encuentra junto al castillo de Loppem.
La vecina Zedelgem, con una población de 22.800 habitantes, también mostró su rechazo por el riesgo de contaminación acústica y parpadeo de sombra que suponía la instalación a menos de 400 metros de una zona residencial. Se criticó además que la solicitud de permiso ambiental omitiera la existencia de áreas verdes y de valor cultural en el entorno.
Se trata del segundo veto a un proyecto eólico en Bélgica en los dos últimos años, y el número 584 dentro de la Renewable Rejection Database, que contabiliza ya 1.104 rechazos o restricciones a proyectos eólicos, solares o de baterías desde 2003. De ellos, 448 corresponden a proyectos solares y 72 a proyectos de baterías.
La oposición vecinal se extiende también por las islas británicas. En Irlanda, este mes se vetó un plan para instalar ocho aerogeneradores en el Midlands tras una oposición comunitaria sostenida, con reuniones públicas y protestas. Los consejos de los condados de Laois y Kilkenny denegaron la autorización debido a la magnitud y escala del proyecto, que contemplaba turbinas de hasta 175 metros de altura.
Pocos días después, el condado de Cork rechazó un gran parque solar de 175 hectáreas. La negativa se basó en que la empresa promotora no aportó datos suficientes sobre flujos de agua y drenaje, y en los riesgos sobre un área de alto valor arqueológico.
Estos vetos en Irlanda se suman a una tendencia generalizada. Desde enero, en Inglaterra, Irlanda y Escocia se han contabilizado 48 rechazos de proyectos de energía eólica o solar, de los cuales 32 correspondieron a instalaciones solares.
El fenómeno no se limita a casos concretos: un estudio publicado en la revista Energy Strategy Reviews confirma que, aunque en Alemania la «transición energética» cuenta con apoyo general, los proyectos concretos de renovables generan fuerte resistencia local. Los investigadores concluyen que estas protestas no obedecen a extremismos ideológicos, sino a preocupaciones sobre el paisaje, el medio ambiente y la salud, y reflejan una reacción contra élites políticas y económicas que imponen proyectos sin tener en cuenta a las comunidades locales.
La nueva Renewable Rejection Database, que consolida más de 1.100 casos de rechazo en todo el mundo, ofrece una prueba clara: los residentes rurales defienden sus barrios, campos y pueblos frente a macroproyectos que amenazan su entorno bajo el pretexto de la transición energética.