
Las autoridades francesas han imputado a una mujer de nacionalidad china por su presunta implicación en el robo de varias pepitas de oro de las colecciones del Museo de Historia Natural de París, un golpe que causó pérdidas millonarias y que ha conmocionado al mundo científico.
La sospechosa, nacida en 2001 en China, fue detenida en Barcelona el pasado 30 de septiembre, tras una orden de arresto europea emitida por la justicia francesa. España la entregó a las autoridades galas y el 13 de octubre la imputaron formalmente por robo en banda organizada y asociación para delinquir. Desde entonces, permanece en prisión preventiva, según confirmó la fiscal de París, Laure Beccuau.
El robo tuvo lugar el 16 de septiembre, cuando un trabajador de limpieza del museo descubrió escombros en una de las salas. Poco después, un conservador constató la desaparición de varias pepitas de oro expuestas al público, según un comunicado difundido por la Fiscalía de París en su cuenta oficial de X.
Las autoridades estiman las pérdidas económicas en 1,5 millones de euros, una cifra que incluye tanto el valor del material sustraído como los daños materiales provocados durante el robo, cifrados en unos 50.000 euros. La Fiscalía subraya que el valor histórico y científico de las piezas robadas es incalculable.
Entre las piezas sustraídas figuran una pepita boliviana entregada a la Academia de Ciencias en el siglo XVIII; otra procedente de los Urales, obsequio del zar Nicolás I en 1833; una pepita de California extraída durante la fiebre del oro; otra de más de cinco kilos hallada en Australia en 1990 y un bloque de cuarzo con alto contenido en oro descubierto en Guyana a finales del siglo XIX. Estas piezas eran consideradas auténticos tesoros naturales por su rareza, su origen diverso y su valor científico.
Las intervenciones telefónicas permitieron determinar que la sospechosa abandonó Francia el mismo día del robo y tenía previsto regresar a China. En el momento de su detención en España, intentó deshacerse de fragmentos de oro fundido con un peso cercano a un kilogramo, según informó la Fiscalía.
El Ministerio Público francés ha confirmado que la investigación continúa abierta para analizar el oro incautado y poder localizar el resto de las piezas y así determinar si hubo cómplices en la operación.
El Código Penal francés contempla penas de hasta quince años de prisión por robos cometidos por una banda organizada. Una calificación que se mantiene mientras los investigadores trabajan para esclarecer el destino final del oro robado y reconstruir cómo se fraguó uno de los robos más audaces en la historia reciente de los museos europeos.