Varios de los afganos deportados desde Alemania a Kabul el pasado viernes ya han manifestado su intención de volver a territorio alemán, según recogen medios locales, en una muestra de las dificultades que afronta Berlín para hacer efectivas las expulsiones a largo plazo.
El vuelo, procedente de la ciudad de Leipzig, trasladó a 81 hombres afganos, todos ellos condenados por delitos o clasificados como amenazas para la seguridad. En el aeropuerto de Kabul, varios de los deportados declararon a periodistas afganos que pronto intentarían regresar a Alemania.
En un principio, la operación estaba prevista para 100 personas, pero problemas para verificar huellas dactilares y confirmar identidades limitaron el número final a 81, según la revista Focus. La Policía alemana acompañó el vuelo, entregando directamente a los deportados a las autoridades afganas, junto con los expedientes de cada uno. Según el funcionario Abdulmutalib Haqqani, los casos serán revisados y juzgados conforme a la Sharía islámica.
La expulsión es fruto de largas negociaciones con el régimen talibán y se presenta como el primer paso para establecer deportaciones regulares a Afganistán. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha rechazado tajantemente las acusaciones de que estas conversaciones supongan un reconocimiento implícito del régimen talibán: “El reconocimiento diplomático del régimen talibán ni siquiera está sobre la mesa”, afirmó el viernes.
Por su parte, el portavoz afgano Abdul Qahar Balkhi confirmó que el Ministerio de Asuntos Exteriores emitió documentos de viaje para los 81 deportados conforme a los procedimientos legales vigentes. Mientras tanto, organizaciones favorables a la inmigración ilegal en Alemania ya han iniciado acciones legales para frenar nuevas expulsiones, y aún está por ver si la medida se consolida como una política de retornos sostenible.
La expulsión coincide, además, con el revés judicial que sufrió el Ejecutivo alemán la semana anterior, cuando los tribunales obligaron al Gobierno a admitir a miles de afganos pendientes de reubicación por el programa humanitario de la anterior administración. Se calcula que unos 2.400 afganos esperan en Pakistán, con visados concedidos, a ser trasladados a Alemania. El Gobierno de Merz ha intentado congelar este programa, pero los tribunales han dictaminado que debe cumplirse lo prometido, debilitando así los intentos del Ejecutivo de reforzar el control migratorio.