
La presión vecinal ha obligado al ayuntamiento de la ciudad costera Weston-super-Mare (Inglaterra) a abandonar sus planes de convertirse en una ciudad «santuario» para refugiados.
La propuesta, aprobada en marzo, buscaba adherirse a un programa diseñado para orientar a los solicitantes de asilo hacia los servicios locales. Sin embargo, desde el primer momento se encontró con la oposición vecinal y protestas similares a las que ya se habían vivido durante el verano.
El lunes, más de un centenar de vecinos se concentraron frente al ayuntamiento al grito de «envíenlos a casa«. La protesta reflejó el sentir mayoritario de la población: en una encuesta online realizada por el propio consistorio, 339 personas rechazaron el plan frente a sólo 92 que lo apoyaron.
La concejala liberal demócrata Caroline Reynolds, impulsora de la iniciativa, se mostró «decepcionada» y acusó a otros ediles de haber sido influidos por la «desinformación». Pero las críticas a la adhesión al programa llegaron también desde el propio Partido Laborista. El concejal James Clayton aseguró que Weston-super-Mare «no necesita una insignia ni un certificado» para demostrar que es una ciudad acogedora y defendió que «sumarse a un programa supone sustituir la buena voluntad local por trámites burocráticos».
En la misma línea, la concejala conservadora Gill Bute recordó que «sólo estamos en nuestros cargos porque hemos sido elegidos por la gente» y sostuvo que no era apropiado seguir adelante con la propuesta.
El plan, que ya han adoptado más de un centenar de ayuntamientos británicos y cuesta 150 libras por tres años de adhesión, había despertado temores entre los vecinos en torno al aumento de la delincuencia, la presión sobre la vivienda y la dificultad para acceder a médicos de cabecera.
Con el rechazo vecinal convertido en un clamor y la falta de respaldo político, Weston-super-Mare ha enterrado definitivamente su intento de convertirse en «ciudad santuario«.