
Europa —la Unión Europea— volverá a ser una alianza de naciones soberanas, predice la líder soberanista francesa Marine Le Pen, convencida de que la Comisión debe volver a ser un simple «secretariado al servicio de las naciones». Con esta declaración, Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional y probable candidata a la presidencia francesa, resumió el pasado miércoles en Bruselas su proyecto para transformar la Unión Europea en una asociación de Estados soberanos, en la que las instituciones comunitarias desempeñen una función subordinada a los gobiernos nacionales. La dirigente de Agrupación Nacional aprovechó una reunión con sus aliados de Patriotas por Europa para presentar las líneas maestras de una reforma que aspira a invertir el proceso de integración política desarrollado durante las últimas décadas.
«Ha llegado el momento de la gran elección democrática. Es un momento que Europa no vivía desde hace décadas», afirmó Le Pen ante la prensa, en referencia al calendario electoral que se abre en varios países europeos. España celebrará elecciones generales el próximo 29 de noviembre; Francia afrontará las presidenciales en la primavera de 2027, y también están previstas importantes citas electorales en Polonia e Italia. La dirigente francesa considera que estos comicios pueden alterar la correlación de fuerzas entre los gobiernos nacionales y facilitar una reforma de las instituciones comunitarias.
La visión proyectada por Marine Le Pen es una bomba y dinamita la concepción de la Unión defendida por Emmanuel Macron y por la cada vez más totalitaria Comisión Europea presidida por Ursula von der Leyen. Frente a la aspiración de avanzar hacia una Europa con mayores competencias propias, Le Pen quiere que el poder vuelva a las naciones y reservar a las instituciones comunitarias las funciones que los gobiernos consideren necesario ejercer conjuntamente. En su modelo, Bruselas tendría que asistir a los Estados en la ejecución de sus acuerdos, mientras las principales decisiones políticas corresponderían a los ejecutivos nacionales.
Sus palabras caen como un jarro de agua fría sobre la eurocracia justo cuando se negocia su próximo presupuesto plurianual, destinado a financiar las políticas comunitarias entre 2028 y 2034. Le Pen denunció que se pretenda cerrar el acuerdo antes de que los ciudadanos de varios Estados miembros puedan pronunciarse en las urnas. A su juicio, comprometer los recursos europeos para los próximos años sin esperar a esas elecciones constituiría un «escándalo democrático».
El modelo guarda relación con la concepción intergubernamental de la integración europea, según la cual las decisiones fundamentales corresponden a los Estados y las instituciones comunes actúan por delegación de estos. Su aplicación supondría revisar algunas de las bases sobre las que se ha construido la Unión desde el Tratado de Maastricht.
La primera consecuencia práctica del proyecto de Le Pen sería una reducción del ámbito de actuación de las instituciones comunitarias. Durante su intervención en Bruselas, la dirigente francesa cuestionó que la Comisión intervenga en materias como la sanidad, la seguridad o la diplomacia, que considera propias de los Estados. También rechazó que la Unión destine recursos a políticas de cooperación al desarrollo que, en su opinión, exceden sus funciones.
La revisión institucional tendría una traducción presupuestaria inmediata. Le Pen anunció que defenderá un límite de 5.000 millones de euros anuales a la contribución neta de Francia al presupuesto europeo, frente a los aproximadamente 8.000 millones que recoge la referencia utilizada por Euronews a partir de los datos del Senado francés.
La propuesta forma parte de su plan para reducir el gasto público francés y sanear unas cuentas nacionales sometidas a una elevada presión por el déficit y la deuda. Agrupación Nacional ha presentado un programa de ahorro de 140.000 millones de euros en cinco años, con el objetivo de situar el déficit por debajo del 3% del PIB en 2030.
La negociación del próximo marco financiero plurianual será, por tanto, una primera prueba de la capacidad de los soberanistas para convertir sus principios compartidos en acuerdos concretos.
La política migratoria constituye uno de los principales puntos de coincidencia entre las formaciones que defienden una Europa de Estados soberanos. Agrupación Nacional, VOX y otros partidos de Patriotas por Europa reclaman un mayor control de las fronteras exteriores, la recuperación de competencias nacionales en materia de inmigración y una revisión de las políticas comunitarias de asilo. Le Pen contrapuso en Bruselas las promesas de una Europa capaz de proteger sus fronteras con lo que considera el fracaso del actual modelo migratorio. También anunció su oposición a nuevas ampliaciones de la Unión, una posición que afectaría a las aspiraciones de Ucrania y de los países candidatos de los Balcanes occidentales.
La reforma soberanista alcanzaría asimismo a las políticas industriales, comerciales y medioambientales. Aunque Le Pen defiende la recuperación de numerosas competencias nacionales, también considera necesaria una actuación común para proteger la producción europea frente a la competencia exterior. Entre sus propuestas figura un impuesto sobre el carbono incorporado a las importaciones procedentes de países con exigencias medioambientales inferiores a las europeas.
La dirigente francesa plantea introducir excepciones para determinados productos que Europa necesita importar y que carecen de producción comunitaria suficiente.
También ha defendido una armonización fiscal europea en ámbitos concretos, como los impuestos sobre el tabaco y el alcohol, y un tipo común del impuesto sobre sociedades para las grandes empresas, situado entre el 20% y el 25%.
La dirigente francesa considera que la diplomacia constituye una atribución fundamental de los Estados y que la Unión ha desarrollado una política exterior propia que excede las funciones que debería desempeñar. Esta posición aparece expresamente recogida en el manifiesto de Patriotas por Europa, que reivindica el derecho de cada nación a decidir libremente su política diplomática, sin comprometer a los demás miembros en sus decisiones. El documento también reclama conservar el derecho de veto nacional y rechaza nuevas transferencias de soberanía a las instituciones europeas.
Las consecuencias serían particularmente importantes en las relaciones con Rusia y en la guerra de Ucrania. Durante su intervención en Bruselas, Le Pen anunció que, si alcanza la presidencia francesa, pondrá fin a la financiación francesa destinada a Ucrania.
El modelo de cooperación propuesto por Patriotas por Europa permitiría a los Estados mantener posiciones distintas sobre los conflictos internacionales, aunque esa libertad de actuación reduciría la capacidad de la Unión para presentarse como un actor diplomático único.
La reunión celebrada el miércoles en Bruselas reunió a Le Pen con varios de sus principales aliados europeos, entre ellos Santiago Abascal, Andrej Babiš y Viktor Orbán. El presidente de VOX y de Patriotas por Europa, Santiago Abascal, recibió el respaldo de la dirigente francesa ante las elecciones generales españolas del 29 de noviembre. «España ocupa un lugar esencial en Europa: su voz cuenta para defender la soberanía de nuestras naciones y la libertad de nuestros pueblos», manifestó en un mensaje de apoyo al dirigente español. La líder de Agrupación Nacional expresó también su deseo de que VOX obtenga un resultado que le permita participar en el próximo Gobierno.