
Más de 1.100 profesores del estado alemán de Hesse han firmado una carta de carácter urgente en la que denuncian una crisis educativa sin precedentes. El documento, entregado al Ministerio de Cultura regional, asegura que una parte significativa de los alumnos de primaria no sabe realizar tareas básicas, como atarse los zapatos, cortar con tijeras, mantener la postura en el pupitre o usar correctamente el papel higiénico.
El comunicado, reproducido por medios como Welt y Junge Freiheit, describe una degradación profunda del nivel de autonomía y comportamiento de los niños. «Mantener el orden, reconocer y respetar reglas o ir al baño solos», son, según los docentes, habilidades que muchos ya no poseen. Algunos profesores afirman que varios alumnos «no saben usar papel higiénico», mientras que otros muestran «déficits de atención graves» y una incapacidad para escuchar instrucciones durante más de unos segundos.
El deterioro coincide con un aumento explosivo de la inmigración en el sistema escolar. Ya en 2022, el Ministerio de Integración de Hesse informó de que el 50% de los menores de seis años eran extranjeros o de origen extranjero, una proporción que hoy se refleja por completo en las aulas de primaria.
Los profesores aseguran que deben dedicar enormes cantidades de tiempo a enseñar habilidades básicas que antes daban por supuestas, restando horas al aprendizaje académico. «Cortar, pegar o preguntar en clase son actividades no entrenadas para muchos alumnos», explican.
El colapso educativo se entrelaza con un crecimiento de la violencia escolar. Datos oficiales muestran que el 40% de los delitos violentos en las escuelas alemanas son cometidos por extranjeros, con dos ataques con arma blanca al día de media. Los docentes describen entornos donde predominan las agresiones, los insultos, la falta de dominio del idioma y conflictos culturales constantes. En muchas zonas, los profesores sufren escupitajos, amenazas e intimidaciones.
La vicepresidenta del sindicato GEW, Heike Ackermann, impulsora de la carta, reconoce que «los docentes llevan años al límite» y que tanto los alumnos como los profesores han sido «abandonados por los políticos». La carga de trabajo se ha vuelto inasumible: educación en democracia, digitalización, integración, inclusión y atención psicológica recaen sobre un profesorado desbordado.
Ackermann exige clases de máximo 20 alumnos, más profesores cualificados y psicólogos adicionales, aunque admite que nadie sabe quién pagará estas reformas ni cómo se ejecutarán. La situación amenaza con empeorar en 2026/2027, cuando entrará en vigor el derecho legal a la jornada escolar completa para todas las familias. El Ministerio de Cultura de Hesse se ha limitado a señalar que «examinará la resolución con atención».