
Más de 300 inmigrantes que pretendían llegar ilegalmente a Reino Unido fueron secuestrados, torturados y retenidos por una milicia en Libia, según una investigación de la BBC recogida por Daily Mail.
Los afectados eran jóvenes procedentes del Kurdistán iraquí que habían emprendido la ruta hacia Europa a través de Libia, uno de los principales corredores utilizados por las mafias migratorias para trasladar personas hacia la costa mediterránea.
De acuerdo con la investigación, los inmigrantes fueron capturados por una milicia local y retenidos en un recinto vigilado. Sus captores exigieron a las familias el pago de 5.000 dólares —unos 3.700 libras— por cada rehén para liberarlos.
Los testimonios de antiguos cautivos señalan que la milicia amenazó a las familias con extraer órganos a los secuestrados si el dinero no era enviado de inmediato. Los captores también enviaron vídeos violentos para presionar a los familiares y acelerar el pago de los rescates.
La operación migratoria había sido organizada por traficantes identificados como Noah Aaron y Kardo Jaf, que habrían exigido miles de dólares a las familias de los jóvenes para facilitarles el traslado hacia Reino Unido.
La ruta pasaba por Libia, un país fragmentado y controlado en amplias zonas por milicias rivales. En ese escenario, las redes de tráfico de personas dependen con frecuencia de acuerdos con grupos armados locales, lo que expone a los inmigrantes a secuestros, extorsiones y abusos.
Según la investigación, varios grupos de jóvenes del Kurdistán iraquí fueron llevados el pasado verano a un complejo vigilado en Libia y encarcelados. La milicia reclamó los rescates alegando que el traficante Noah Aaron mantenía una deuda pendiente con ellos por un acuerdo anterior.
Uno de los padres, residente en Ranya, en Irak, confirmó que pagó el rescate para liberar a su hijo, que se encontraba entre los 110 rehenes repatriados en enero en un vuelo fletado por el Gobierno iraquí.
Sin embargo, durante el cautiverio, el joven envió una fotografía que mostraba una cicatriz que generó temor en su familia. Otras imágenes similares de antiguos rehenes comenzaron a circular, y un consultor médico con base en Reino Unido señaló que algunas marcas parecían compatibles con incisiones quirúrgicas.
Las autoridades kurdas sospechan que, aunque muchos rehenes fueron liberados tras el pago de los rescates, otros pudieron haber sido obligados a entregar órganos. Antiguos cautivos, incluidos adolescentes, relataron haber sufrido palizas, quemaduras, privación de luz solar y falta de alimentos. Algunos afirmaron que sólo recibían un trozo de pan al día si pagaban dinero adicional.
Un joven de 16 años aseguró que fue encerrado durante meses en una celda pequeña junto a otras 177 personas, sin ver la luz del sol. Otro describió haber sido torturado mediante quemaduras en una pierna.
Anthony Dunkerley, asesor de Naciones Unidas que ha investigado la trata de personas en Libia, explicó que los secuestros para pedir rescate son habituales en el país, donde las milicias se aprovechan de la debilidad del Estado y del lucrativo negocio del tráfico migratorio.
Pese a los riesgos, miles de inmigrantes procedentes del Kurdistán iraquí y de otras zonas continúan intentando llegar a Europa por rutas clandestinas controladas por mafias.
Hemn Merany, alto cargo del Ministerio del Interior del Gobierno Regional del Kurdistán, ha pedido a los antiguos cautivos que compartan sus experiencias para disuadir a otros jóvenes de emprender el mismo camino.