«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El país dejó de ser atractivo para el gran capital

Non-Doms y el éxodo de millonarios: así destruyó Keir Starmer la gallina de los huevos de oro en Reino Unido

Keir Starmer. Europa Press

Como todas las fábulas, la de «La gallina de los huevos de oro» es una historia simple destinada a educar a niños, o a mentes muy simples. Cuenta que un granjero tiene una gallina que pone un huevo de oro cada día, y con eso se hace rico. Pero, movido por la rapacidad, pretende obtener muchos huevos de una vez y en consecuencia decide matar a la gallina. Cuesta entender por qué el granjero no hizo el cálculo del volumen de la gallina para ver que, aunque fuera toda de oro, no le rendía abrirla por la mitad, así que parece que además de rapaz era idiota. Pero la cosa es que al matarla descubre que la gallina es normal y pierde así su fuente de riqueza.

Y por alguna razón esto nos hace acordar al Gobierno de Keir Starmer, que eliminó este año el régimen de no domiciliados o «non-doms», una vieja norma fiscal que permitía a ciertos extranjeros residir en el Reino Unido pero tributar en el país sólo por los ingresos generados allí, eximiendo lo que ganasen en el extranjero. Para «los ricos», esto significaba poder vivir en una gran ciudad, llena de todo tipo de servicios y oportunidades, al tiempo que elegían como domicilio fiscal un país con impuestos más bajos. Una de las «non-doms» más conocidas fue Akshata Murty, esposa del ex primer ministro Rishi Sunak. Pero como Sunak y su partido lleva mucho tiempo afectado por el «laborismo state of mind», tras revelarse la situación fiscal de la señora, se anunció que comenzaría a pagar impuestos en el Reino Unido sobre sus ganancias extranjeras.

El régimen fue creado en 1799 por el entonces primer ministro William Pitt el Joven para atraer millonarios y con los años permitió a Londres convertirse en un centro cosmopolita y financiero internacional, de alto consumo suntuario que generaba un flujo económico fundamental. Pero con la misma mente resentida del granjero, los políticos no pudieron ver los beneficios que ganaban, sino lo que se perdían si no podían expoliar del todo a la gallina. Desde el laborismo, pero también desde las trincheras conservadoras, se acumulaban las protestas contra este sistema bajo el omnipresente dogma socialista redistributivo que cree que hacer que «los ricos» paguen más y más soluciona todos los problemas derivados de los fracasos de un Estado deficitario.

Pero para terminar de hundir la economía, Rachel Reeves, la ministra de Hacienda, incluyó en la reforma que le hizo al sistema, los activos globales, incluso los depositados en fideicomisos offshore, dentro del impuesto a la herencia del 40%, aplicable hasta 10 años después de abandonar el país. Así, el presupuesto laborista de 2024 confirmó que el régimen «non-dom» sería reemplazado en 2025 por un sistema basado en la residencia que también incorporaría ganancias extranjeras al sistema sucesorio.

Volvemos al pensamiento tonto del granjero: cuando el Gobierno de Rishi Sunak anunció en 2023 que planeaba abolir el régimen de los «non-doms» pensó que apenas un 10% de los 74.000 «non-doms» que aún quedaban en UK se marcharían. Si bien finalmente fue el Gobierno de Starmer quién mató a la gallina, lo cierto es que el animalito ya se sentía bastante amenazado por Sunak; así que antes de que el Partido Laborista asumiera el poder, ya se había generado una caída en la llegada de nuevos «non-doms» y en consecuencia habían llegado al país 5.000 contribuyentes menos que en el año previo a su triunfo electoral. Ya los abogados fiscales habían avisado sobre la disminución brutal de consultas de extranjeros ricos interesados en mudarse al Reino Unido.

Pero ahora el Gobierno laborista entró en pánico porque, para sorpresa de nadie, se desató un éxodo de millonarios y el impacto ya se deja sentir: Las ventas de propiedades de más de £7 millones cayeron un 40% y los precios están más bajos que hace diez años. Las ventas de autos de lujo bajaron y los colegios de élite y negocios exclusivos ya ven reducida su facturación. Henley & Partners prevé que el Reino Unido perderá 16.500 millonarios en 2025, frente a los 10.800 que ya se fueron en 2024, lo que ya fue un 157 % más que en 2023. El análisis de HMRC advierte que el impacto afectará especialmente a Londres, donde reside el 58% de los «non-doms». Desde 2008, el número de «non-doms» bajó de 140.000 a unos 75.000 en 2023. El país dejó de ser atractivo para el gran capital y los millonarios se están mudando a Italia, Suiza, Emiratos Árabes, o a otros lugares con regímenes fiscales competitivos.

Un informe del Centro de Investigación Económica y Empresarial (CEBR) indica que si la mitad de los «non-doms» abandona el Reino Unido, el Tesoro perdería £12.200 millones y si sólo se fuera un tercio, se perderían £700 millones en el primer año. Incluso si se marcha solo un 25%, no habría ingresos adicionales para compensar la eliminación del régimen. Bastante lejos de la expectativa original del granjero cuando se dispuso a matar a la gallina.

Claro que la hegemonía narrativa de la izquierda ha acusado al sistema «non-dom» de favorecer el blanqueo de dinero, promover la evasión fiscal y profundizar la desigualdad, no sorprende, es lo que dicen siempre quienes por otro lado avalan las dictaduras socialistas en donde se blanquea dinero, con ese dinero se patrocina el narcoterrorismo y mientras tanto se enquista la indigencia y la miseria.

Pero lo cierto es que conservadores y laboristas son culpables de esta debacle, y se les hace bien complicado tratar de desandar lo hecho sin incurrir en contradicciones con las encíclicas redistributivas que ellos mismos predicaron meses atrás. En tanto, Nigel Farage y su Reform UK proponen revertir el daño. Presentaron un plan para recuperar a los «non-doms», que incluye exenciones fiscales, una reducción de la tarifa plana actual para competir con otros países o un tipo impositivo mucho más bajo para startups extranjeras. A la vista de lo ocurrido, Farage podría ser más osado y proponer una simplificación y una reducción más radical de la fiscalidad si es que quiere volver a ganar la confianza de siglos que la política británica arruinó en tan pocos años.

Por ahora, sólo queda la amarga lección de que la rapacidad no sólo mata a la gallina: también puede matar a un imperio económico. Y mientras Starmer reparte migajas, las gallinas vuelan hacia tierras más libres, dejando atrás a lo que una vez un sistema fiscal inteligente que llenó de riqueza a una nación.

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