
Alemania vive una profunda contradicción en su política migratoria: mientras endurece el acceso al asilo para los nuevos solicitantes sirios, ha concedido en paralelo más de 83.000 nacionalidades a ciudadanos de Siria sólo en 2024, elevando el total de la última década a más de 245.000.
Según datos del Bundestag, actualmente alrededor del 95% de las solicitudes de asilo presentadas por sirios están siendo rechazadas, lo que marca un cambio radical respecto a años anteriores, cuando prácticamente todas eran aceptadas. En 2024, apenas un 5% de las peticiones obtuvieron algún tipo de protección.
Este giro se produce en un contexto de cambios políticos en Siria tras la llegada al poder de Ahmed al-Sharaa en 2024, así como de nuevas tensiones que afectan especialmente a minorías religiosas como alauíes y drusos.
Sin embargo, mientras Berlín cierra la puerta a nuevas entradas, cientos de miles de sirios ya han consolidado su estatus en el país mediante la obtención de la ciudadanía, representando el 28% de todas las nacionalizaciones en el último año.
Al mismo tiempo, el Gobierno del canciller Friedrich Merz ha anunciado un plan para devolver hasta el 80% de los sirios en los próximos tres años, lo que implicaría la salida de cientos de miles de personas. La estrategia priorizará la expulsión de quienes no tengan derecho de permanencia, especialmente delincuentes, mientras se permitirá quedarse a aquellos integrados en el mercado laboral.
El Ejecutivo alemán plantea coordinar este proceso con las autoridades sirias en el marco de la reconstrucción del país, aunque por ahora no existe un acuerdo vinculante.
El resultado es un escenario marcado por la incoherencia: regularizaciones masivas del pasado conviven con restricciones severas en el presente y planes de retorno a gran escala, reflejando el giro de Alemania ante una política migratoria que ha empezado a generar tensiones internas y debate público.