El auge de las inyecciones adelgazantes empieza a afectar el negocio de la alimentación en el Reino Unido. Los supermercados británicos dejaron de ingresar casi 800 millones de libras —unos 915 millones de euros— el año pasado por el aumento del uso de tratamientos como Ozempic y Wegovy, según una investigación de Worldpanel.
El informe señala que los hogares con al menos un usuario de estos fármacos redujeron su gasto en alimentación en una media de 418 libras —casi 500 euros— durante el año posterior al inicio del tratamiento. La caída refleja el efecto directo de unos medicamentos que reducen el apetito y aumentan la sensación de saciedad.
Worldpanel calcula que el 6,3% de los hogares británicos cuenta ya con al menos una persona que utiliza este tipo de tratamientos, frente al 2,3% registrado en 2024. Con esos datos, la consultora estima que los supermercados han perdido 780 millones de libras en ventas durante el último año.
El golpe se concentra especialmente en los productos considerados menos saludables. El gasto en aperitivos como patatas fritas o chocolate cayó un 18% más en los hogares con un usuario de estos fármacos que en el conjunto de la población. El dato confirma que el fenómeno no afecta sólo a la cantidad de comida comprada, sino también al tipo de productos que entran en la cesta.
Los medicamentos GLP-1, como Ozempic y Wegovy, fueron desarrollados inicialmente para tratar la diabetes tipo 2, pero su uso se ha disparado por sus efectos sobre la pérdida de peso. Según los datos citados por Worldpanel, el número de adultos que los utilizan en el Reino Unido se ha triplicado en los dos últimos años hasta alcanzar los 1,9 millones. Más de tres cuartas partes de los usuarios son mujeres.
La responsable de Worldpanel, Chantel Kennaugh, asegura que «lo que antes era un tratamiento especializado, prescrito principalmente para la diabetes tipo 2, se ha convertido en pocos años en una fuerza de consumo masivo«.
El cambio abre un nuevo frente para supermercados, fabricantes de bebidas y cadenas de restauración. La industria alimentaria se enfrenta a un consumidor con menos apetito, menos compras impulsivas y una relación distinta con la comida. Kennaugh advierte de que estos fármacos «están alterando de forma fundamental la manera en que las personas se relacionan con la comida y la bebida«, con efectos que ya se notan en el gran consumo.
El fenómeno también está creando nuevas oportunidades comerciales. Algunos supermercados han empezado a adaptar su oferta a los usuarios de estos tratamientos. Morrisons ha lanzado una gama de comidas, bocadillos, ensaladas, panes y quesos ricos en proteínas y pensados para personas que usan inyecciones adelgazantes. Marks & Spencer también ha presentado comidas y aperitivos densos en nutrientes dirigidos a consumidores de fármacos GLP-1.
El impacto no se limita a la alimentación. Worldpanel detecta un aumento del gasto en enjuague bucal y chicles por los efectos secundarios asociados a estos tratamientos, como la sequedad bucal y el mal aliento, un fenómeno conocido como «boca de Ozempic».
Pese a su rápida expansión, el precio sigue siendo el principal obstáculo para el crecimiento de estos fármacos. Cuatro de cada diez personas que tomaban la medicación dejaron de hacerlo este año porque resultaba demasiado cara.
El auge de estas inyecciones refleja una transformación de fondo en el consumo británico: tratamientos nacidos en el ámbito médico han pasado a condicionar la cesta de la compra, las estrategias de los supermercados y el negocio de las grandes marcas alimentarias.