
El fanatismo verde vuelve a causar estragos en una capital europea. En esta ocasión, un sabotaje deliberado contra la red eléctrica de Berlín ha dejado sin suministro a decenas de miles de personas en el suroeste de la ciudad desde el pasado 3 de enero de 2026, en plena ola de frío y con temperaturas bajo cero que han agravado el impacto sobre la población.
Las autoridades alemanas investigan el suceso como un ataque intencionado contra infraestructura crítica tras la reivindicación del grupo de extrema izquierda Vulkangruppe, que justificó la acción como «parte de su lucha contra el sistema energético capitalista, el cambio climático y la economía de mercado». Según los investigadores, los autores asumieron conscientemente el riesgo para la población civil y buscaron generar caos, miedo y paralización de la vida cotidiana.
El ataque consistió en un incendio provocado que dañó cables de alta tensión, un tipo de instalación cuya reparación no puede realizarse de forma inmediata. El operador de la red explicó que los desperfectos son estructurales y obligan a sustituir tramos completos, someterlos a pruebas de seguridad y efectuar reconexiones escalonadas para evitar nuevos fallos. A estas dificultades técnicas se han sumado las condiciones meteorológicas adversas, con nieve, hielo y temperaturas extremas que han ralentizado los trabajos.
Durante las madrugadas se han registrado valores en torno a los –6 °C, mientras que las máximas diurnas apenas han alcanzado entre –2 °C y 0 °C en amplias zonas de la ciudad, con una sensación térmica aún más baja por el viento y la humedad. Cinco días después del sabotaje, miles de hogares y negocios siguen padeciendo cortes intermitentes o una recuperación parcial del suministro.
El apagón ha reabierto un intenso debate en Alemania sobre la seguridad de las infraestructuras esenciales y la resiliencia del sistema energético. Diversos analistas y responsables políticos han subrayado que el cierre progresivo de las centrales nucleares en los últimos años ha reducido el margen de maniobra para responder con rapidez a incidentes de esta magnitud, dificultando la recuperación del suministro en situaciones de emergencia.
Mientras continúan las labores de reparación y la investigación policial, el episodio ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de una gran capital europea ante ataques ideológicos contra infraestructuras críticas, así como las consecuencias directas que este tipo de acciones tiene sobre la población, especialmente cuando se producen en condiciones climáticas extremas.