
Rotterdam (Países Bajos) ha impuesto una zona de exclusión nocturna en una amplia parte del barrio de De Esch con el objetivo de poner fin a los continuos problemas de inseguridad y alteración del orden público que, según denuncian los vecinos, se arrastran desde hace casi tres años. La restricción comenzó a aplicarse el jueves por la noche y permanecerá vigente inicialmente durante un periodo de tres meses, tras el cual las autoridades evaluarán sus resultados.
La nueva normativa prohíbe permanecer en el área delimitada entre las 23.00 y las 5.00 horas salvo que exista un motivo justificado. La Policía podrá identificar y sancionar a aquellas personas que no puedan acreditar por qué se encuentran en la zona durante ese horario. Quedan excluidos de la prohibición los residentes, quienes trabajan en el barrio, los visitantes de viviendas particulares y las personas que acudan a establecimientos de hostelería o a eventos autorizados.
La alcaldesa de Rotterdam, Carola Schouten, defendió la adopción de esta medida extraordinaria asegurando que la prioridad del Ayuntamiento es devolver la tranquilidad a los vecinos y garantizar que puedan volver a sentirse seguros en su propio barrio.
Según relataron varios residentes a medios neerlandeses, los problemas comenzaron poco después del inicio de la pandemia de Covid-19. Desde entonces, grupos numerosos de personas ajenas a De Esch comenzaron a concentrarse cada noche en la zona, especialmente durante los fines de semana, cuando decenas e incluso cientos de vehículos acudían para celebrar concentraciones ilegales.
Los vecinos describen un ambiente marcado por carreras de coches, acelerones, bocinazos continuos, consumo de drogas, fiestas improvisadas en la vía pública, acumulación de basura y comportamientos intimidatorios. Varios testimonios aseguran que la situación se agravaba especialmente tras la caída de la noche, momento en el que el barrio quedaba prácticamente tomado por estos grupos.
Antes de recurrir a esta limitación de acceso, el Ayuntamiento había intentado controlar el problema mediante otras actuaciones, como el despliegue de más patrullas policiales, la instalación de bloques de hormigón para dificultar las concentraciones de vehículos y contactos con algunas de las personas implicadas. Sin embargo, las autoridades consideran que ninguna de esas medidas consiguió reducir de forma efectiva los incidentes.
Los primeros efectos de la nueva restricción han sido bien recibidos por parte de numerosos vecinos. Algunos residentes aseguraron haber podido dormir con normalidad por primera vez en mucho tiempo al desaparecer el ruido constante de motores, cláxones y gritos que hasta ahora se prolongaban durante buena parte de la madrugada.
Otros habitantes del barrio explicaron que habían dejado de realizar actividades cotidianas, como pasear al perro por la noche, debido a la conducción temeraria y a las actitudes agresivas de algunos conductores. Según sus testimonios, no eran infrecuentes los insultos, las amenazas e incluso la grabación con teléfonos móviles de quienes recriminaban esos comportamientos.
Varios vecinos consideran que la principal novedad de la medida reside en que proporciona a la Policía una base jurídica para actuar con mayor rapidez frente a quienes permanezcan en la zona sin justificación durante el horario restringido, algo que, según afirman, hasta ahora resultaba mucho más difícil desde el punto de vista legal.