
Un estudio alemán elaborado por investigadores de las universidades de Stuttgart y Koblenz, junto con el experto Harald Walach, concluye que sólo alrededor del 14% de las personas que dieron positivo en pruebas PCR de SARS-CoV-2 en Alemania durante la pandemia realmente se infectaron, según se evidencia por el posterior desarrollo de anticuerpos IgG detectables.
El trabajo, titulado «A calibration of nucleic acid (PCR) by antibody (IgG) tests in Germany: the course of SARS-CoV-2 infections estimated» analiza datos agregados de los laboratorios acreditados alemanes (ALM), que cubrieron aproximadamente el 90% de las pruebas PCR realizadas en el país entre 2020 y 2021, así como los resultados de tests serológicos de anticuerpos IgG hasta mayo de 2021.
Mediante un modelo matemático de ajuste por mínimos cuadrados, los autores escalaron la suma acumulada de las fracciones semanales de PCR positivas para que coincidiera con la evolución observada de la seroprevalencia IgG. El factor de calibración obtenido fue de aproximadamente 0,14 (intervalo de confianza del 95%: 0,135-0,146), lo que indica que sólo una de cada siete personas con PCR positiva generó después anticuerpos IgG detectables, es decir, experimentó una infección real según ese criterio. En una estimación más conservadora, esa proporción podría descender hasta el 10-11%.
El estudio señala además que, a finales de 2020, cerca de una cuarta parte de la población alemana ya portaba anticuerpos IgG procedentes de infecciones naturales, y que hacia finales de 2021 esa cifra se acercaba al 92%, en línea con datos del Instituto Robert Koch (RKI). Los investigadores argumentan que esta discrepancia revela una sobrestimación significativa de las infecciones reales cuando se utilizaba únicamente el número de PCR positivas como indicador de incidencia.
Según los autores, factores como la especificidad imperfecta de las PCR (estimada en torno al 94% en su análisis), umbrales de ciclo (Ct) elevados que detectan fragmentos virales no infecciosos, posibles colonizaciones transitorias sin respuesta sistémica y sesgos en la selección de quiénes se testaban explicarían gran parte de la diferencia. Critican el uso de la «incidencia a 7 días» basada solo en PCR como métrica para decisiones políticas, al depender en gran medida del volumen de pruebas realizadas más que de la dinámica real de infecciones.
Aunque el trabajo es peer-reviewed, presenta limitaciones propias de un análisis de datos agregados (sin estratificación por edad o sexo, asunciones sobre un test por persona y posible sesgo en las pruebas de IgG). Algunos críticos han señalado que no todas las infecciones generan anticuerpos IgG duraderos y que la interpretación de «solo el 14 % eran infecciones reales» no equivale necesariamente a que el resto fueran falsos positivos en sentido estricto. El estudio, no obstante, aporta un nuevo enfoque de calibración que reabre el debate sobre la precisión de las métricas empleadas durante la pandemia.