
Las políticas migratorias de la Unión Europea están logrando reducir temporalmente las llegadas ilegales, pero no están frenando el problema de fondo: las salidas desde África se mantienen prácticamente intactas y las rutas se adaptan para eludir los controles.
Así lo advierte un informe del International Centre for Migration Policy Development (ICMPD), al que ha tenido acceso Euronews, que concluye que el endurecimiento de las fronteras exteriores de la UE y los acuerdos con países africanos no han reducido la presión migratoria, sino que la han desplazado hacia trayectos más largos y peligrosos.
Durante años, Bruselas ha insistido en la necesidad de reformar el sistema migratorio europeo, especialmente tras la crisis de 2015, que evidenció la incapacidad de la Unión para gestionar grandes flujos de entrada. Desde entonces, la presión en las fronteras exteriores no ha dejado de crecer.
El informe señala con claridad que «los controles intensificados no reducen necesariamente la movilidad total, sino que redirigen los movimientos hacia rutas alternativas», muchas veces más arriesgadas. En esa línea, advierte que en 2026 se seguirá produciendo este fenómeno sin que disminuya de forma real el volumen global de migración.
En los últimos años, la UE ha reforzado sus acuerdos con países como Egipto, Mauritania, Marruecos, Senegal o Túnez, combinando financiación, proyectos de desarrollo y exigencias de control fronterizo. Sin embargo, estos pactos no han logrado frenar las salidas.
Según datos de Frontex, los cruces ilegales en las fronteras exteriores de la UE cayeron más de un 25% en 2025, con descensos especialmente pronunciados en la ruta de África Occidental. No obstante, el propio informe subraya que esta reducción es engañosa.
Lejos de desaparecer, las rutas migratorias se están reconfigurando. Las salidas se están desplazando hacia países como Gambia o Guinea, en lugar de Mauritania, lo que obliga a los inmigrantes a emprender trayectos más largos y peligrosos para alcanzar territorio europeo.
Este cambio confirma que el problema migratorio en Europa no se está resolviendo, sino transformando: menos llegadas visibles en determinados puntos, pero más presión estructural y mayor riesgo en las rutas.