«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La deriva ideológica está bajo examen

Un informe oficial señala que la Policía británica debe «abandonar» los debates de la agenda ‘woke’ y volver a perseguir y a detener a delincuentes

Policía de Reino Unido. Europa Press

Un informe respaldado por el Gobierno británico ha advertido de que los mandos policiales de Inglaterra y Gales deben dejar de implicarse en las guerras culturales y en debates asociados a la agenda woke, para concentrarse en su misión esencial: prevenir delitos, detener criminales y aplicar la ley con imparcialidad.

La advertencia figura en el informe de la Police Leadership Commission, presidida por el exministro laborista David Blunkett y por Nick Herbert, presidente del College of Policing. El documento sostiene que la Policía británica atraviesa una crisis de liderazgo, con diferencias notables entre cuerpos, falta de formación entre mandos superiores y una pérdida de foco en la lucha contra el crimen.

Según el informe, sólo el 13% de los agentes considera que trabaja en una organización «bien dirigida y gestionada». La comisión señala que algunas fuerzas policiales mantienen buenos estándares, pero otras han perdido de vista la reducción del delito como prioridad central.

Mandos policiales con escasa formación

El documento se presenta como el análisis más amplio sobre liderazgo policial en Inglaterra y Gales en una generación. Una de sus principales conclusiones es que la preparación de los altos mandos resulta irregular y, en muchos casos, insuficiente.

La comisión compara la formación policial con la de otros cuerpos uniformados. Mientras que un coronel del Ejército británico, tras 15 años de carrera desde Sandhurst, puede haber recibido alrededor de 72 semanas de formación en liderazgo, un superintendente jefe de la Policía Metropolitana con una progresión comparable apenas habría recibido dos o tres semanas.

Además, más de una quinta parte de los nuevos sargentos e inspectores encuestados afirmó no haber recibido ninguna formación formal en liderazgo más de dos años después de asumir su puesto.

Acusaciones de doble rasero

El informe llega en un contexto marcado por sucesivos escándalos policiales y por las denuncias de «policía de dos niveles», una expresión utilizada en Reino Unido para acusar a las autoridades de aplicar la ley de forma distinta según el origen, ideología o grupo social de los implicados.

La comisión reconoce que la Policía ha sido acusada de actuar de manera desigual en función del trasfondo de las personas involucradas y subraya que esos factores no deberían influir en absoluto en la actuación policial.

El documento también advierte de que algunos mandos han sido etiquetados como «woke» o «antiwoke» y arrastrados a tomar partido en las guerras culturales. Frente a ello, reclama que los líderes policiales se nieguen a participar en ese terreno y se concentren exclusivamente en la prevención, detección y persecución del delito.

Blunkett: «No hay lugar para guerras culturales ni woke»

David Blunkett fue tajante al comentar las conclusiones del informe. Según recoge The Daily Telegraph, el exministro laborista afirmó que el documento deja claro que «no hay lugar para guerras culturales ni woke» dentro de la Policía.

«No es tarea de la Policía de nuestro país tomar partido de ningún tipo. La tarea de la Policía es cumplir», señaló Blunkett, en una frase que resume el diagnóstico central del informe: la seguridad pública exige neutralidad, autoridad y eficacia, no activismo ideológico.

La comisión también reclama que los mandos policiales vuelvan a defender los principios peelianos, base histórica del modelo policial británico desde 1829. Estos principios sostienen que la legitimidad de la Policía depende de la aprobación pública, la conducta ejemplar y el consentimiento social, no de la imposición ni de la arbitrariedad.

La Policía admite que no ha convencido al público

Pese a las críticas, el informe evita cargar contra mandos concretos. El subcomisario de la Policía Metropolitana, Matt Jukes, que participó en la comisión, defendió en The Guardian que los agentes no son «woke» ni «antiwoke», sino que buscan actuar con justicia.

Sin embargo, admitió que los líderes policiales no han sido lo suficientemente firmes para convencer a la población de que han mantenido los principios de imparcialidad y legitimidad. También reconoció que determinadas respuestas públicas han podido parecer confusas o ideológicas.

El informe deja así una conclusión de fondo: en una sociedad cada vez más polarizada, la Policía británica sólo podrá recuperar la confianza pública si abandona el terreno del activismo cultural y vuelve a ejercer su función básica: hacer cumplir la ley y proteger a los ciudadanos frente al delito.

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