
El Ayuntamiento de Buxtehude, en Baja Sajonia (Alemania), se vio obligado a cerrar durante casi dos semanas su casa consistorial al público tras los constantes episodios violentos protagonizados por un inmigrante de origen sudanés. El hombre, que vive en Alemania desde hace una década, había protagonizado ya varios altercados graves en la región. Según medios locales, llegó a agredir brutalmente a un farmacéutico en Horneburg, dejándole al borde de perder la visión, y en las últimas semanas se convirtió en una amenaza constante en las dependencias municipales de Buxtehude.
El individuo, que presenta desequilibrios psicológicos, irrumpía en el edificio con insultos y agresiones a funcionarios. A pesar de tener una orden de alejamiento, volvió a entrar en las instalaciones y tuvo que ser reducido por varios agentes de policía. El periódico Tageblatt detalla que, además de episodios de violencia física, el inmigrante está acusado de agresiones sexuales, acoso y reiteradas amenazas.
El primer teniente de alcalde, Ralf Dessel, confirmó al diario Bild que el consistorio decidió cerrar sus puertas al público general «por motivos de seguridad» y sólo permitió el acceso con cita previa. «Hemos tenido que contratar un servicio de seguridad privada desde hace diez días. Seguirá de manera indefinida hasta que sepamos qué hacer con este individuo», explicó Dessel. El coste asciende a unos 500 euros diarios para las arcas municipales.
Actualmente, el inmigrante se encuentra ingresado en un centro psiquiátrico, aunque las autoridades aún no han decidido si su internamiento será definitivo. Lo que sí se ha confirmado es que no podrá ser deportado al Sudán, lo que prolonga la sensación de inseguridad entre los vecinos.