
Un periodista ruso de 38 años, exiliado en Francia y crítico con el régimen de Vladímir Putin, ha fallecido tras precipitarse desde la ventana de su vivienda situada en un séptimo piso en la localidad de Meudon, en las afueras de París. Aunque la Fiscalía francesa maneja inicialmente la hipótesis del suicidio, la investigación sigue abierta y no descarta otras líneas, a la luz de nuevos elementos conocidos en las últimas horas.
Según informan medios independientes rusos y franceses, el fallecido podría ser Yevgeny Safronov, periodista declarado «agente extranjero» por las autoridades rusas y que había abandonado su país hace apenas seis meses tras colaborar con medios opositores al Kremlin. Personas de su entorno aseguran que había recibido amenazas de muerte y que días antes de su fallecimiento denunció el hackeo de sus cuentas personales y dispositivos electrónicos.
El cuerpo fue hallado en la mañana del miércoles a los pies del edificio donde residía. Los servicios de emergencia lo trasladaron con vida a un hospital, donde falleció poco después. En el interior del apartamento, la Policía encontró una silla colocada junto a la ventana, cartas escritas en ruso y medicación en un cubo de basura, elementos que han sido incorporados a la investigación judicial.
La Fiscalía de Nanterre ha abierto diligencias «para determinar con exactitud la causa de la muerte y el contexto personal y profesional de la víctima», según confirmaron fuentes judiciales. El compañero de piso del periodista, presente en el inmueble en el momento de los hechos, no pudo ser interrogado de inmediato debido al estado de shock y a la barrera idiomática.
El caso ha reavivado la preocupación por la seguridad de disidentes rusos en Europa, en un contexto marcado por una cadena de muertes inexplicables de empresarios, ex altos cargos y figuras. Este fenómeno ha sido bautizado por algunos analistas como el «síndrome de la muerte súbita rusa».
Desde el entorno del fallecido insisten en que Safronov atravesaba dificultades personales, pero rechazan que su muerte pueda desligarse de las presiones políticas y amenazas que había recibido tras abandonar Rusia. Mientras tanto, las autoridades francesas mantienen abiertas todas las hipótesis.