
Un reportero británico ha conseguido infiltrarse en las redes que organizan las travesías clandestinas desde Francia hacia Reino Unido, hacerse pasar por inmigrante y cruzar el Canal de la Mancha en una patera junto a decenas de extranjeros.
La investigación, publicada este martes por The Sun y realizada junto a la periodista Isabel Oakeshott, de Talk, fue protagonizada por Christian Drogan, un británico de 35 años que pasó semanas introduciéndose en los campamentos de inmigrantes de Calais y Dunkerque antes de conseguir una plaza en una embarcación rumbo a las costas británicas.
Lo más llamativo de las imágenes grabadas durante la travesía se produjo cuando una patrullera de la Gendarmería francesa se acercó a la embarcación. Según el relato y las imágenes difundidas por la investigación, los agentes advirtieron a los ocupantes de que el estado del mar empeoraría durante el trayecto y ofrecieron llevar de regreso a Francia a quienes quisieran desistir.
Drogan sostiene que los únicos que aceptaron la oferta fueron cuatro hombres a los que identifica como los traficantes encargados de organizar la salida. Según su versión, los agentes franceses los transportaron de nuevo hasta la costa, mientras el resto de ocupantes continuó navegando hacia Reino Unido.
El reportero asegura que, después de convivir con las redes durante semanas, resultaba evidente quién ejercía el control sobre las salidas. Drogan afirmó que podía identificar «sin ninguna duda» a los hombres que organizaban la operación, pero sostiene que no fueron detenidos por las autoridades francesas.
Su investigación documenta el contacto con los intermediarios que gestionan las travesías, los movimientos de los grupos desde los campamentos hacia las playas y finalmente el embarque en una lancha neumática desde la costa del norte de Francia. Para conseguir introducirse en ese mundo, Drogan utilizó diferentes identidades durante sus contactos con las redes.
En distintas fases llegó a presentarse como kurdo o armenio, aunque finalmente optó por mantener su verdadera nacionalidad británica y construir otra historia: aseguró ser un delincuente menor que había estado escondido en España y necesitaba entrar clandestinamente en Reino Unido. Finalmente encontró a un intermediario dispuesto a incluir a un británico en uno de los viajes.
Las imágenes muestran al reportero embarcando en aguas poco profundas junto a decenas de inmigrantes. Tras comenzar la navegación, una patrullera francesa se aproximó al bote para advertir a los pasajeros sobre las condiciones marítimas. Después del supuesto regreso a tierra de los cuatro hombres señalados por Drogan como traficantes, la embarcación prosiguió hacia Reino Unido.
El reportero asegura que tardaron unas siete horas simplemente en alcanzar aproximadamente la mitad del Canal de la Mancha. La travesía acabó cuando alcanzaron aguas británicas y fueron interceptados por Border Force. Allí ocurrió una escena insólita.
Los agentes británicos comenzaron a trasladar a los ocupantes desde la patera hasta una embarcación de rescate y rápidamente detectaron que Drogan no encajaba con el resto de pasajeros. «Estás en el barco equivocado», le dijo uno de los funcionarios, según el relato publicado.
Drogan fue trasladado posteriormente a Western Jet Foil, en Dover, una de las instalaciones utilizadas para procesar a quienes llegan ilegalmente mediante pequeñas embarcaciones. Allí fue separado del grupo y entrevistado por agentes antiterroristas británicos, que le preguntaron sobre lo que había presenciado durante su infiltración y la travesía.
Los datos oficiales permiten situar incluso el viaje. La travesía se realizó el 3 de agosto, jornada en la que las estadísticas del Ministerio del Interior británico registraron la llegada de una embarcación con 35 personas. No está confirmado públicamente si el propio Drogan quedó contabilizado dentro de esa cifra.
El cruce culmina una investigación iniciada meses antes. Drogan ya había pasado largas temporadas de incógnito en los asentamientos de Calais y Dunkerque, donde afirmó haber presenciado el funcionamiento jerárquico de las redes de tráfico de personas, desplazamientos organizados hacia las playas y la presencia de individuos armados en algunos campamentos. Durante aquella primera infiltración llegó a cambiar repetidamente de identidad mientras intentaba ganarse la confianza de diferentes grupos.
El periodista había documentado también cómo los inmigrantes se desplazaban desde los campamentos hasta los puntos de salida y sostuvo que la actuación de las autoridades francesas era insuficiente para impedir que alcanzaran las playas. La nueva investigación va un paso más allá: esta vez no se quedó observando desde la costa, sino que consiguió entrar en el circuito de los traficantes y completar personalmente la ruta hasta Reino Unido.
El Ministerio del Interior británico ha reaccionado con dureza a la investigación. Un portavoz acusó a Drogan de haber actuado de manera «temeraria», argumentando que su operación pudo dificultar el trabajo policial y poner en peligro tanto su propia vida como las actuaciones destinadas a impedir las travesías.
El Gobierno británico defendió además su cooperación con Francia y aseguró que el nuevo acuerdo bilateral ha permitido incrementar un 40% el número de efectivos desplegados sobre el terreno. Según Interior, desde las últimas elecciones se han confiscado más de 1.100 embarcaciones o motores y se han impedido aproximadamente 48.000 intentos de cruce.
Las llegadas también han disminuido este año. Hasta el momento de publicarse la investigación, 15.897 personas habían alcanzado Reino Unido irregularmente desde Francia, un 43,8% menos que durante el mismo periodo del año anterior.
Drogan ha advertido expresamente a otras personas de que no intenten reproducir su infiltración. Tras meses moviéndose entre los campamentos y las organizaciones que controlan parte de las salidas, asegura que las condiciones se han deteriorado y que determinadas áreas del norte de Francia se han vuelto extremadamente hostiles.