«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
TORTURAS, SECUESTROS Y TRABAJOS FORZADOS EN EL CAMINO ILEGAL HACIA EUROPA

La ruta del infierno hacia Reino Unido: las mafias cobran hasta 17.000 libras, esclavizan y quitan órganos a inmigrantes en Libia

Inmigrantes ilegales atraviesan el Canal de la Mancha. Europa Press

Una nueva ruta migratoria hacia Reino Unido está dejando a cientos de inmigrantes atrapados en un auténtico infierno en Libia, donde redes criminales los secuestran, extorsionan, torturan y, en algunos casos, los someten a trabajos forzados para saldar las deudas contraídas durante el viaje.

Una investigación de The Times ha documentado el funcionamiento de una nueva vía hacia Europa gestionada por organizaciones criminales con conexiones en Irak y Reino Unido, que pueden llegar a cobrar hasta 17.000 libras —cerca de 20.000 euros— por persona con la promesa de llevarlas finalmente hasta territorio británico.

El itinerario combina incluso viajes legales en avión con tramos clandestinos. Algunos inmigrantes parten de la región del Kurdistán iraquí y vuelan con documentación válida hasta países como Egipto o Jordania para continuar después irregularmente hacia Libia y cruzar posteriormente el Mediterráneo. Pero para muchos el supuesto viaje hacia Reino Unido termina mucho antes.

Secuestrados al llegar a Libia

Una vez dentro de territorio libio, numerosos inmigrantes son trasladados a recintos clandestinos controlados por milicias y traficantes, donde quedan retenidos hasta que ellos o sus familiares entregan nuevas cantidades de dinero.

Los testimonios recopilados describen palizas, privación de alimentos, torturas y extorsiones destinadas a obligar a las familias a pagar rescates.

Quienes carecen de recursos pueden acabar utilizados como mano de obra forzada, especialmente en trabajos de construcción, hasta que las organizaciones consideran saldada parte de la deuda.

La explotación de inmigrantes en territorio libio no constituye un fenómeno aislado. Organizaciones internacionales han documentado durante años prácticas de detención arbitraria, tortura, violencia sexual, extorsión y trabajo forzoso contra extranjeros que utilizan el país como plataforma para intentar llegar a Europa.

Amenazas con arrancarles los órganos

La investigación recoge además testimonios y denuncias sobre amenazas especialmente brutales. Algunos inmigrantes aseguran haber sido advertidos de que podrían perder un riñón si sus familias no pagaban las cantidades exigidas.

Una investigación anterior había documentado el secuestro en Libia de más de 300 jóvenes procedentes del Kurdistán iraquí que pretendían llegar a Reino Unido. Los captores reclamaron alrededor de 5.000 dólares adicionales por cada rehén y amenazaron a sus familias con extraer órganos si no entregaban el dinero.

Las denuncias sobre extracción efectiva de órganos son difíciles de verificar de forma independiente, por lo que deben distinguirse de las amenazas utilizadas por las mafias para extorsionar a las víctimas. Lo que sí está ampliamente documentado es el uso de la violencia extrema para convertir la migración clandestina en un negocio multimillonario.

De clientes de las mafias a esclavos

El mecanismo transforma rápidamente la relación entre traficante e inmigrante. Quienes inicialmente pagan miles de euros por un traslado pueden pasar a convertirse en rehenes de las mismas redes que habían contratado, especialmente cuando aparecen nuevas deudas o cuando diferentes organizaciones se disputan los pagos a lo largo de la ruta.

Un informe reciente sobre Libia describía este sistema como una auténtica economía de explotación, en la que la detención genera ingresos y la liberación depende del dinero que puedan aportar las víctimas o sus familias. Los que no consiguen pagar pueden ser revendidos a otras redes, sometidos a trabajos forzosos o permanecer durante meses encerrados en condiciones extremas.

Miles siguen intentando alcanzar Reino Unido

Pese al riesgo, las mafias continúan encontrando clientes dispuestos a pagar enormes cantidades para alcanzar Reino Unido. El endurecimiento de los controles en algunas rutas terrestres tradicionales ha provocado que las organizaciones adapten sus métodos y recurran ahora a trayectos híbridos que combinan vuelos comerciales, pasos clandestinos de fronteras y travesías marítimas.

La meta final sigue siendo atravesar el Mediterráneo, alcanzar países como Italia y continuar después hacia el norte de Europa y el Canal de la Mancha.

El coste humano es enorme. Cientos de personas continúan muriendo cada año en el Mediterráneo, mientras quienes sobreviven a la travesía previa por Libia pueden haber pasado meses sometidos a violencia y explotación.

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