«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
QUINCE CONTINUABAN FUGADOS TRAS LOS DISTURBIOS

Pedradas, destrozos y fuga masiva: inmigrantes revientan la valla de un centro en Grecia y se enfrentan a la Policía

Policía de Grecia. Europa Press.

Un centro para inmigrantes del norte de Grecia se convirtió durante varias horas en escenario de pedradas contra la Policía, destrozos, vallas cortadas y una fuga masiva después de que decenas de internos protagonizaran graves disturbios durante la noche del sábado.

Los hechos ocurrieron en las instalaciones de Klidi, en el municipio de Sintiki, cerca de la frontera entre Grecia y Bulgaria. Los disturbios comenzaron poco después de las 21.00 horas, cuando un grupo de inmigrantes empezó a arrojar piedras y otros objetos contra los policías desplegados en el recinto, según las autoridades griegas.

Los amotinados dañaron posteriormente distintas instalaciones del centro y consiguieron cortar parte de la valla exterior para abrir una vía de escape.

En total, 35 internos lograron salir del recinto durante el caos. Las Fuerzas de Seguridad desplegaron inmediatamente una operación de búsqueda por los alrededores y consiguieron localizar a buena parte de los fugados. La última actualización de las autoridades señala que 15 continuaban en paradero desconocido, mientras los rastreos seguían activos en la zona.

Una sección entera del centro quedó destrozada

La violencia provocó importantes daños en las instalaciones. Los internos atacaron edificios, zonas comunes, cámaras de vigilancia, equipos contra incendios y vehículos de servicio, según Kathimerini. Una de las alas del centro quedó completamente inutilizada, lo que obligó a trasladar a los residentes hacia otra parte de las instalaciones.

La Policía tuvo que enviar refuerzos antidisturbios desde Salónica para recuperar el control. Las fuerzas especiales utilizaron granadas aturdidoras durante unos enfrentamientos que se prolongaron durante más de tres horas y no quedaron completamente controlados hasta la madrugada.

Cinco inmigrantes resultaron heridos. Tres fueron atendidos en el hospital de Serres y posteriormente regresaron al centro, mientras que otros dos permanecieron hospitalizados.

23 detenidos, todos de Bangladés y Egipto

La investigación judicial ha avanzado desde el motín. Las autoridades detuvieron a 25 personas relacionadas con los disturbios y 23 de ellas han quedado en prisión preventiva a la espera de juicio. Los 23 acusados son ciudadanos de Bangladés y Egipto, según la información divulgada este martes por medios griegos.

Afrontan acusaciones por distintos delitos, entre ellos intento de fuga, fuga, motín y daños a la propiedad. El juicio está previsto que comience este miércoles.

Un centro con alrededor de 450 inmigrantes

Las instalaciones de Klidi albergan aproximadamente 450 personas mientras se tramitan sus solicitudes de asilo. El centro ya había sido objeto anteriormente de críticas por sus condiciones y ha sufrido otros episodios de tensión.

Tras el último motín, el Ayuntamiento de Sintiki aprobó este lunes por amplia mayoría una resolución que exige al Gobierno griego el cierre de las instalaciones, argumentando la creciente preocupación de los residentes de los municipios cercanos.

Los disturbios se producen en pleno endurecimiento de la política migratoria del Ejecutivo conservador de Kyriakos Mitsotakis, que ha reforzado durante los últimos años los controles fronterizos y las medidas contra la inmigración ilegal.

Grecia refuerza su política contra la inmigración ilegal

Grecia continúa siendo uno de los principales puntos de entrada a Europa desde Oriente Próximo, Asia y África. Más de 22.000 inmigrantes ilegales habían llegado al país desde comienzos de año a finales de agosto. Cerca de 5.000 accedieron a través de la frontera terrestre con Turquía pese a la extensa valla construida por las autoridades, mientras buena parte de las llegadas marítimas se producen actualmente desde Libia hacia Creta.

El motín de Sintiki vuelve ahora a colocar el foco sobre la seguridad dentro de los centros migratorios y las dificultades para controlar a cientos de solicitantes de asilo mientras sus expedientes permanecen pendientes de resolución.

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