
«No hay riesgo de reincidencia porque la muerte de la víctima, en coma, es inevitable», fue el razonamiento del juez de instrucción que permitió inicialmente que Mourad S., de 41 años, quedara en libertad bajo control judicial. Esa valoración provocó la reacción del ministerio público y, finalmente, fue corregida: el martes por la mañana, el tribunal de apelación revocó la decisión y ordenó el ingreso en prisión del acusado.
El hombre, de nacionalidad tunecina, sin permiso de residencia, desempleado y con problemas de alcohol y drogas, vive en una vivienda social en París. Su perfil, descrito por la fiscalía como inestable y carente de garantías de comparecencia, pesó decisivamente en la revisión del caso. El fiscal mostró su sorpresa ante la lógica inicial del instructor y defendió que el historial del acusado hacía incompatible su permanencia en libertad.
Mourad S. fue imputado formalmente el 22 de diciembre por intento de asesinato de su pareja, Tiphaine M., tras los hechos ocurridos la noche del 18 de diciembre en el distrito 20 de la capital francesa. Su pasado judicial incluye cuatro condenas previas por violencia y resistencia a la autoridad, un dato que reforzó la petición de encarcelamiento preventivo.
La alerta se activó a mediodía, cuando el personal del Hospital Lariboisière informó a la policía de la llegada de una mujer en estado de coma con un shock cerebral. Tiphaine había sido hallada inconsciente en la escalera de un inmueble situado en la rue de Belleville, con múltiples hematomas repartidos por el cuerpo y un historial médico delicado, ya que había sufrido un ictus con anterioridad.
Según la versión inicial del acusado, fue él quien llamó a los servicios de emergencia. Relató que ambos habían pasado la noche bebiendo y que su pareja había sufrido varias caídas. Los investigadores, sin embargo, reconstruyeron con precisión las horas previas gracias a las cámaras de videovigilancia del metro y del entorno urbano.
Las imágenes muestran a la pareja desplazándose por las líneas 7 y 2 del metro de París y pasando parte de la noche en la estación de Pyrénées y sus alrededores. Poco antes de medianoche se produjo una discusión durante la cual Tiphaine recibió bofetadas y tirones de pelo. A la 1.19, ambos entraron en el edificio donde ella se alojaba con un amigo. A la 1:51, Mourad salió solo. Regresó a las 2.43 y, a las 3.30, los bomberos acudieron al lugar.
Detenido poco después, el acusado admitió haber ejercido violencia contra su pareja bajo los efectos del alcohol. Afirmó que intentó ayudarla tras las caídas, pero que no pudo levantarla por sí solo. «Pido perdón por la violencia», declaró durante su custodia policial, añadiendo que llevaba años viviendo en Francia y que aquella noche se encontraba especialmente alterado. También aseguró haber informado a la madre de la víctima y haber pasado parte del día siguiente en el hospital.
La defensa sostuvo una versión muy distinta. Su abogada argumentó que el caso se apoya en una base probatoria frágil y que no existe una relación concluyente entre las agresiones reconocidas y el estado crítico de la víctima. Recalcó que su cliente no tuvo intención de matar y que un enfoque exclusivamente punitivo no era, a su juicio, la respuesta más adecuada.
Los magistrados de apelación no compartieron esa lectura. Consideraron que la gravedad de los hechos, la violencia constatada, el perfil del acusado y el riesgo procesal justificaban plenamente la prisión preventiva, dejando sin efecto la controvertida decisión inicial que había permitido su puesta en libertad.