
La activista francesa Charlène Bernard compareció el pasado 23 de junio ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo para exponer la experiencia que, según denunció, la llevó a sufrir un aborto forzado. Durante su intervención defendió la necesidad de reforzar la protección de la maternidad y de garantizar apoyo a las mujeres que desean continuar con su embarazo pese a las presiones de su entorno.
Según publica Aciprensa, la petición registrada por Bernard plantea si las instituciones europeas y los Estados miembros hacen lo suficiente para proteger a las mujeres que quieren llevar su embarazo a término cuando afrontan presiones de sus parejas, profesionales sanitarios o circunstancias sociales adversas. La iniciativa cuenta con el respaldo de organizaciones provida como el Centro Europeo para el Derecho y la Justicia y de varios grupos políticos del Parlamento Europeo, entre ellos Patriotas por Europa.
La activista enmarca su petición en un contexto que considera preocupante. Según una encuesta del IFOP correspondiente a 2024, el 29% de las mujeres francesas que abortaron aseguró haber sentido presión por parte del profesional sanitario que las atendió. Extrapolado a los 251.270 abortos registrados ese año en Francia, la cifra equivaldría a unas 72.900 mujeres.
Bernard explicó que descubrió su embarazo a los 27 años y que desde el primer momento quiso continuar con la gestación. Sin embargo, aseguró que sufrió una creciente presión por parte de su pareja y de los profesionales a los que acudió en busca de ayuda. «Estaba feliz de estar embarazada, ya amaba a mi bebé, no abortaría», afirmó al recordar sus primeras decisiones.
La activista relató que acudió junto a su pareja a un médico y posteriormente a un centro de orientación familiar vinculado a la Federación Internacional de Planificación Familiar. Allí, según su testimonio, el personal sanitario se refería al feto como «solo un montón de células» y llegó a programarle una cita para abortar «por si acaso» cambiaba de opinión. «Me sentí atrapada desde el momento en que entré por la puerta de la clínica de planificación familiar», aseguró.
Bernard sostiene que la presión culminó cuando su pareja la obligó a tomar medicamentos abortivos, una experiencia que, según afirmó, derivó en una depresión, la ruptura de la relación y un trauma que todavía arrastra. «Lo que todavía me duele tanto es la ausencia de mi hijo, que es la primera víctima de mi historia», declaró.
A través de su petición, la activista reclama que la Unión Europea impulse medidas de apoyo médico, psicológico, social y económico para las mujeres que desean continuar con sus embarazos, así como una revisión de los programas de financiación comunitarios para garantizar que también respalden la maternidad y no únicamente el acceso al aborto.