
Una activista LGTBI pidió en una vigilia por las víctimas del ataque al desfile del Orgullo de Berlín que el autor de la embestida no fuese un extranjero musulmán, sino «blanco y cristiano». El comentario, captado en vídeo durante el acto celebrado el domingo 26 de julio de 2026, ha generado una fuerte polémica en redes sociales y medios internacionales.
El ataque se produjo la noche del sábado 25 de julio en el parque Tiergarten, cerca de la Puerta de Brandeburgo, durante las celebraciones del Christopher Street Day, la principal fiesta del Orgullo en la capital alemana. Un hombre de 21 años, identificado como Abdul Ballout, ciudadano alemán de origen libanés y conocido por sus vínculos con círculos islamistas, arrolló deliberadamente a la multitud con una furgoneta alquilada. Después salió del vehículo y agredió a varias personas con un arma blanca. El saldo fue de una mujer fallecida y al menos 29 heridos, algunos de gravedad.
Ballout, que ya había sido investigado por planes terroristas y había intentado unirse al Estado Islámico, huyó del lugar y fue localizado al día siguiente en un suburbio de Berlín. Al intentar agredir a los agentes con un arma punzante, la policía le disparó y resultó muerto en el enfrentamiento. Las autoridades alemanas, incluido el ministro del Interior, calificaron el suceso de «ataque terrorista islamista».
Durante la vigilia celebrada el domingo en recuerdo de las víctimas, la activista tomó el micrófono ante decenas de asistentes y expresó su deseo de que el responsable no hubiera sido «un extranjero musulmán», sino «una persona blanca y cristiana». Según el vídeo difundido por varios medios y cuentas de X, la mujer afirmó literalmente: «Había esperado que el atacante no fuera un extranjero, sino una persona blanca y cristiana».
La declaración ha sido interpretada por muchos como un intento de ajustar la realidad del ataque a un relato ideológico que culpa preferentemente a la mayoría autóctona europea. Críticos de distinto signo han señalado la incongruencia de lamentar que el autor no encajara en el estereotipo del «hombre blanco cristiano» cuando todas las evidencias apuntan a un radicalismo islamista.
El incidente se suma a una serie de atropellos deliberados registrados en Europa en los últimos años y ha reavivado el debate sobre la seguridad en eventos públicos y el tratamiento de individuos radicalizados conocidos por las autoridades. Mientras tanto, el comentario de la activista sigue circulando como ejemplo de la tensión entre los hechos y las narrativas preferidas por algunos sectores del activismo LGTBI.