A pocos días de haberse celebrado el bicentenario de la independencia (6 de agosto), Bolivia afronta este domingo unas elecciones presidenciales y legislativas que, según todos los sondeos, pondrán fin a casi veinte años de dominio del Movimiento al Socialismo (MAS), el proyecto lanzado por Evo Morales y continuado por Luis Arce. Dos décadas marcadas por la corrupción, la ruina económica y la persecución política parecen tocar a su fin en un país que reclama con urgencia un cambio.
La izquierda llega rota, enfrentada y sin liderazgo. Arce, incapaz de sostener su propio poder y en abierto pulso con Morales, renunció a presentarse en mayo en un último intento por salvar las apariencias. El MAS designó como candidato a Eduardo del Castillo, exministro con nula intención de voto y símbolo de la decadencia del oficialismo, mientras que Morales pide el voto nulo y pretende erigirse en «vencedor moral» en unas elecciones que nunca dejaron de ser el instrumento con el que el socialismo se aferró al poder.
Los enfrentamientos internos estallaron en junio de 2024, cuando incluso la propia izquierda se negó a respaldar la tesis de Morales de que el intento de golpe de Estado había sido un «autogolpe». Desde entonces, el MAS ha entrado en una espiral de división, descrédito y pérdida de base social. La crisis se refleja en los sondeos: Del Castillo apenas aparece en las encuestas y la izquierda alternativa, encabezada por Andrónico Rodríguez, no llega al 10% de apoyo.
Con el socialismo hundido, las elecciones de este domingo se perfilan como un referéndum contra el MAS y su legado de miseria.
Al frente de las encuestas se sitúan dos políticos conocidos: Samuel Doria Medina, empresario y figura recurrente en la política boliviana, y Jorge «Tuto» Quiroga, expresidente que ocupó brevemente el cargo tras Hugo Banzer a principios de siglo. Ninguno de los dos representa un proyecto abiertamente soberanista en el sentido continental, pero ambos encarnan la posibilidad de romper con el dominio socialista que ha devastado a Bolivia durante veinte años.
Ambos rondan el 20% de intención de voto, por lo que se da por hecho que habrá segunda vuelta el 19 de octubre, la primera desde la Constitución de 2009.
Una Bolivia empobrecida por el socialismo
El balance que deja Arce es desolador: casi la mitad de los niños bolivianos viven en pobreza, el PIB apenas creció un 0,73% en 2024 y la inflación rozó el 10%, lejos de la imagen de «locomotora económica» que el MAS intentó vender en sus primeros años. A ello se suma la persecución política contra la oposición, el encarcelamiento de líderes como Jeanine Áñez —aún presa política— y la entrega de la soberanía boliviana a los dictados del Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla.
La elección de este domingo es más que un trámite: es la oportunidad de que Bolivia rompa con el proyecto criminal continental del socialismo del siglo XXI e inicie una nueva etapa de libertad, soberanía y reconstrucción nacional.