El hijo de Jair Bolsonaro inicia la campaña presidencial con un discurso centrado en seguridad, empleo y batalla cultural
Flávio Bolsonaro arranca su carrera contra Lula desde Copacabana y promete combatir la ideología de izquierdas en las aulas
Flávio Bolsonaro arranca su carrera contra Lula desde Copacabana y promete combatir la ideología de izquierdas en las aulas
Flávio Bolsonaro. Europa Press.
Por LGI
17 de agosto de 2026

Brasil ha entrado oficialmente en campaña electoral. El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y principal candidato de la derecha, ha lanzado su carrera hacia el Palacio de Planalto ante miles de simpatizantes reunidos en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, con una agenda centrada en seguridad, crecimiento económico y combate contra la ideologización izquierdista de la educación.

El acto se celebró este domingo, primer día oficial de campaña para las elecciones presidenciales de octubre. Mientras el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva regresó a su tradicional bastión sindical de São Bernardo do Campo, Flávio eligió uno de los escenarios históricos del bolsonarismo: Copacabana, donde su padre protagonizó algunas de las mayores movilizaciones de la derecha brasileña.

Jair Bolsonaro no pudo acompañarlo. El expresidente permanece bajo arresto domiciliario, por lo que será su hijo quien intente ahora reunir el espacio político construido por el exmandatario.

Una ofensiva contra la ideología de izquierdas en la educación

Flávio Bolsonaro colocó la batalla cultural entre las prioridades de su campaña y prometió una agenda destinada a combatir la penetración de las ideologías de izquierdas en el sistema educativo brasileño.

El senador busca consolidar así al electorado conservador que durante los últimos años convirtió la educación, la defensa de la familia y el rechazo al adoctrinamiento político en algunos de los principales campos de confrontación con el Partido de los Trabajadores de Lula.

La campaña pretende combinar esa agenda cultural con propuestas económicas dirigidas especialmente a los jóvenes. Bolsonaro anunció la creación de un programa denominado «Mi Primera Empresa», aunque todavía no ha detallado su funcionamiento, y prometió reforzar la colaboración entre universidades y empresas privadas para impulsar tecnología, innovación y empleo.

Su objetivo, afirmó, es que los jóvenes «no sólo tengan un diploma colgado en la pared, sino también un trabajo».

Bolsonaro se presenta como el candidato capaz de negociar con las grandes potencias

El senador defendió además una política exterior pragmática y aseguró ser el candidato mejor preparado para negociar simultáneamente con Estados Unidos, China, Israel, India, Argentina y los países de Oriente Próximo.

«Soy el único que puede sentarse con Estados Unidos, con China, con Israel, con Oriente Próximo, con India y con Argentina para conseguir los mejores y mayores acuerdos comerciales para nuestra nación», afirmó durante el comienzo de su campaña.

Su candidatura mantiene estrechos vínculos con buena parte de la derecha internacional. Javier Milei participó en la convención del partido y dirigentes extranjeros, entre ellos el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y antiguos integrantes de la Administración Trump, han expresado apoyo al candidato.

Un chaleco antibalas en Copacabana

Flávio Bolsonaro apareció durante la jornada protegido con un chaleco antibalas, después de asegurar que ha recibido amenazas durante la campaña.

La seguridad será precisamente uno de los grandes ejes de su candidatura en un país donde la delincuencia y la violencia continúan siendo preocupaciones fundamentales para millones de ciudadanos.

Miles de seguidores acudieron a Copacabana vestidos con los tradicionales colores verde y amarillo asociados al movimiento bolsonarista, mientras imágenes y referencias a Jair Bolsonaro seguían presentes entre los asistentes.

Flávio pretende conservar esa base sin limitarse a ella. El senador está intentando proyectar un perfil algo más moderado que el de su padre para ampliar su apoyo entre votantes de centro y convertirse en una alternativa viable frente a Lula. The Wall Street Journal señala que ya se ha consolidado como el principal heredero político del movimiento construido por Jair Bolsonaro.

Lula vuelve a sus orígenes sindicales

El presidente Lula inició simultáneamente su campaña en São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de São Paulo donde comenzó su trayectoria como dirigente sindical hace casi medio siglo.

El mandatario reunió a alrededor de 20.000 simpatizantes, según Reuters, y centró su discurso en recuperar el apoyo de los trabajadores, especialmente de una nueva generación de empleados autónomos y trabajadores de plataformas digitales que mantiene una relación mucho más débil con los sindicatos tradicionales.

Ese cambio social constituye uno de los grandes problemas para el Partido de los Trabajadores. Una encuesta encargada por el propio PT en 2025 reveló que el 65% de los trabajadores informales aspiraba a convertirse en emprendedor, mientras sólo el 27,5% prefería un empleo formal.

Es precisamente ese electorado al que Bolsonaro intenta seducir con un discurso favorable al emprendimiento y una menor intervención estatal.

Una batalla por dos modelos de Brasil

Las primeras jornadas de campaña dejan planteado un enfrentamiento ideológico muy definido.

Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato no consecutivo y reivindica las políticas sociales, el sindicalismo y una mayor intervención del Estado. Flávio Bolsonaro intenta convertirse en el nuevo referente de la derecha con una propuesta basada en conservadurismo social, disciplina fiscal, privatizaciones, seguridad y acercamiento a Estados Unidos.

Su equipo económico prepara además un nuevo marco fiscal que endurecería significativamente los límites al gasto público a medida que aumente la deuda. La deuda bruta brasileña alcanzó el 81,9% del PIB en junio, frente al 71,4% existente cuando Lula volvió al poder en enero de 2023.

La propuesta estudiada por la campaña podría llegar a congelar el crecimiento real del gasto federal cuando la deuda supere determinados niveles, con el objetivo declarado de recuperar la disciplina presupuestaria y la confianza inversor.

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