
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha reconocido públicamente lo que ya era evidente sobre el terreno: su ambicioso plan de «paz total» ha terminado en fracaso. En una entrevista concedida durante su paso por Barcelona, el mandatario admitió sin rodeos que su estrategia no ha conseguido doblegar a los grupos armados ni estabilizar el país.
«Fracaso nacional y mío», afirmó Petro, en una confesión que desmonta el principal eje político de su Gobierno. El proyecto con el que prometió cerrar décadas de violencia se ha estrellado contra la realidad de un país que sigue dominado por el narcotráfico, las guerrillas y la fragmentación territorial.
Lejos de matizar, el propio presidente profundizó en el diagnóstico: Colombia continúa atrapada en una dinámica de violencia estructural, incapaz de consolidarse como nación. «No logramos construir un país y nos matamos entre nosotros», lamentó, en una declaración que refleja la dimensión del colapso político.
El reconocimiento no se limita a la seguridad. Petro también admitió errores graves en la conformación de su Ejecutivo, llegando a reconocer que incorporó a «gente que no servía» y que terminó traicionando su proyecto. Una autocrítica que evidencia el desorden interno de un Gobierno incapaz de sostener su propia agenda.
Pese a intentar destacar algunos datos positivos en la evolución de la violencia, el propio relato del mandatario confirma que la estrategia ha fracasado en su objetivo central: pacificar el país y recuperar el control del Estado. La persistencia del narcotráfico y la incapacidad para cerrar acuerdos con los principales actores armados refuerzan esta conclusión.
En paralelo, Petro dejó en el aire su futuro político, vinculándolo al resultado de las próximas elecciones. Una incertidumbre que revela hasta qué punto su liderazgo ha quedado debilitado tras el colapso de su principal promesa electoral.
La admisión del propio presidente marca un punto de inflexión: ya no son solo sus críticos quienes denuncian el fracaso, sino el propio arquitecto del proyecto. Colombia, lejos de la «paz total», sigue atrapada en una crisis estructural que el Gobierno progresista no ha logrado resolver.