«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La Gaceta de la Iberosfera
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UNA HISTORIA A AMBOS LADOS DEL ATLÁNTICO QUE DEBE SER DEFENDIDA

La hispanidad y el protagonismo de la mujer antes del adoctrinamiento feminista

Beatríz Galindo, la "latina"

Uno de los tantos mitos feministas es que gracias a esta doctrina política-ideológica las mujeres se pueden educar. Pero la historia demuestra algo muy distinto. Sobre todo en el caso de la Hispanidad. Y esto no solo en España continental sino en Hispanoamérica.

Aunque la retórica progresista acusa que la Edad Media fue oscura, fue en ese periodo que nació la universidad como institución. Y en la Iberosfera la mujer no solo estudiaba, sino que era maestra.

La más destacada en este ámbito fue Beatriz Galindo, mejor conocida como «La Latina» por su conocimiento en dicha lengua. Con ese nombre está expuesta en estatuas, donde es enaltecida como educadora. Antes de ser maestra, Galindo estudió en instituciones vinculadas a la Universidad de Salamanca. Allí estudió cuando aún se estaba formando para ser monja (camino que finalmente no eligió). Lo cual a su vez desmonta el mito de que lógica y fe están enfrentados. Al contrario, fue la Iglesia Católica la institución que creó la universidad.

Entre sus méritos sobresale el haber sido denominada «la primera profesora de historia de España». Cabe destacar que España no surge hasta el reinado de Carlos I. Por lo cual todos los profesores previos a este periodo no lo serían de España como tal.

Su alumna más sobresaliente fue nada menos que la reina Isabel la Católica. En total fue maestra de cinco reinas. Además de Isabel I de Castilla, sus cuatro hijas, Juana (también de Castilla), Catalina (luego reina de Inglaterra, desposada con Enrique VIII), e Isabel y María, ambas reinas de Portugal; la primera regente hasta la mayoría de edad de Carlos I.

Desde el palacio la reina Isabel incentivaba la educación para las mujeres, por medio de escuelas. Paralelamente, en las propias universidades había mujeres dando cátedra. A Luisa de Medrano se la conoce como la primera profesora universitaria del mundo hispánico. Nació en 1484. Fue catedrática de Humanidades a sus 20 años, en 1508, en la Universidad de Salamanca, también de Derecho.

También se destaca Francisca de Nebrija. Sustituyó a su padre en cátedra de Retórica en la Universidad de Alcalá en 1522. Aunque el hecho de haber heredado su cargo podría incomodar a muchos, es testimonio de cómo -contrario al relato feminista- los hombres (incluso de su propia familia) consideraban a las mujeres dignas de estos puestos.

La primera maestra de América educó a las indígenas

Ejemplos de «muchachas sabias», Puellae doctae, hay varios. Pero no se limitó al viejo continente. De la mano de España llegó la educación para las niñas indígenas del Nuevo Mundo. Catalina de Bustamante se consolidó como la «primera maestra de América«. Nació al final de la Edad Media, en 1490, y se volvió reconocida al viajar a lo que es hoy México, donde estuvo a cargo de la escuela para niñas de Texcoco.

Allí enseñó latín y griego, además que se dedicó a rescatar las lenguas indígenas. Es decir, nuevamente contrario a la retórica progresista España no eliminó las culturas previas. Por el contrario, hizo una labor incansable por recopilar las lenguas prehispánicas, incluso creando diccionarios para su preservación.

Pero la educadora no se limitó a enseñar dentro de las escuelas, también lograba que se aplicara la justicia. Al hacerlo evidenció cómo la corona española se comprometía al cuidado de todos sus vasallos. Cuando Bustamante detectaba casos de abuso (de cualquier tipo), escribía cartas al rey Carlos I. Mientras el monarca, nieto de Isabel la Católica, estaba en campañas militares, la reina Isabel de Portugal fue su regente. Esto a su vez desmiente que el feminismo logró la representación política de la mujer. Es más, había mujeres que podían ocupar el cargo de un hombre.

Bustamante denunció abusos tanto de indígenas como de ibéricos. Y en ambos casos obtenía la atención de la corona para que se hiciese justicia. Pues se comprometía no solo a la formación académica sino también moral. Por ende, tenía tolerancia cero hacia el abuso de cualquier tipo. Ella fue ejemplo de lo que representó el legado español a ambas orillas del Atlántico.

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