
El movimiento separatista de Alberta ha presentado ante las autoridades electorales de la provincia canadiense más de 300.000 firmas para impulsar la celebración de un referéndum sobre la independencia, superando ampliamente el umbral requerido por la legislación provincial.
La organización Stay Free Alberta, liderada por Mitch Sylvestre, entregó cerca de 302.000 apoyos en la sede de Elections Alberta, en Edmonton, capital de la provincia. Las firmas deberán ser ahora verificadas por las autoridades electorales.
El objetivo del movimiento independentista es que la consulta se celebre el próximo 19 de octubre, en una provincia rica en petróleo, situada en el oeste de Canadá y fronteriza con Estados Unidos, con una población aproximada de cinco millones de habitantes.
El abogado del movimiento, Jeffrey Rath, ha defendido que la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, no podrá ignorar políticamente el respaldo ciudadano recogido. «No creo que pueda ignorar a los cientos de miles de albertanos que hicieron cola, incluso en las oscuras noches de enero, para tener la oportunidad de votar sobre la independencia», afirmó.
Smith ya había señalado anteriormente que convocaría un referéndum provincial sobre la separación si los promotores alcanzaban y validaban las firmas necesarias.
El debate separatista en Alberta ha ganado fuerza en los últimos meses. La provincia, clave por sus recursos petroleros, mantiene desde hace años tensiones con Ottawa por las políticas energéticas, fiscales y medioambientales.
La cuestión también ha despertado interés en Estados Unidos. A finales de enero, el primer ministro canadiense, Mark Carney, pidió al presidente Donald Trump respetar la «soberanía canadiense» después de que trascendiera un encuentro entre funcionarios de Washington y representantes separatistas de Alberta.
Rath, que asistió a aquella reunión, aseguró entonces al Financial Times que Estados Unidos estaba «sumamente entusiasmado con una Alberta libre e independiente». Smith, por su parte, pidió que Washington respetara la soberanía canadiense y dejara el debate sobre el proceso democrático en manos de los albertanos y canadienses.