
En un intento desesperado por frenar la presión militar y diplomática de Washington, Nicolás Maduro ofreció al Gobierno de Donald Trump entregar el control del petróleo y los recursos minerales de Venezuela a empresas estadounidenses, según una investigación publicada por The New York Times.
El dictador venezolano, acorralado por las sanciones y los despliegues navales de Estados Unidos en el Caribe, propuso abrir todos los proyectos actuales y futuros de petróleo, gas y oro a empresas norteamericanas, revertir las exportaciones de crudo hacia China y Rusia y romper los contratos energéticos con Irán, a cambio de que la Casa Blanca abandonara sus planes de intervención.
Las conversaciones, lideradas por altos funcionarios de Maduro y el entonces enviado especial de EEUU, Richard Grenell, se extendieron durante meses. La propuesta incluía dar a compañías estadounidenses —como Chevron y ConocoPhillips— control preferente sobre la industria energética venezolana, un giro completo respecto al nacionalismo económico instaurado por Hugo Chávez.
Maduro, según las fuentes citadas por el diario, llegó a aceptar limitar sus lazos con potencias rivales de Estados Unidos, consciente de que renunciar a China y Rusia era el precio para evitar su derrocamiento. En paralelo, Caracas habría suspendido el envío de petróleo a Cuba, agravando la crisis energética en la isla.
Sin embargo, la administración Trump rechazó las ofertas de Maduro y rompió los contactos la semana pasada, considerando insuficientes las concesiones y negándose a legitimar a un régimen que Washington califica como «narco-terrorista«.
Mientras tanto, María Corina Machado —líder opositora y reciente Premio Nobel de la Paz 2025— presentó en Washington su propia propuesta económica: abrir Venezuela al capital extranjero tras una transición democrática real, que podría generar hasta 1,7 billones de dólares en inversión en 15 años. Su asesora, Sary Levy, advirtió que lo ofrecido por Maduro «no es estabilidad, sino control mantenido a través del terror«.
El episodio revela el grado de aislamiento y desesperación del chavismo, dispuesto a entregar los recursos del país a quienes durante años señaló como «enemigos imperialistas», con tal de mantener su poder absoluto. Mientras Maduro ofrece el subsuelo venezolano al mejor postor, millones de venezolanos siguen hundidos en la miseria, víctimas de un régimen que vende la patria para comprar tiempo.