La economía argentina vive un giro que ha sorprendido a los mercados internacionales tras una drástica reducción del gasto público en términos reales, una política que ha permitido al país encadenar dos superávits fiscales históricos después de 15 años de déficits y recortar su deuda pública a niveles regionales. El resultado más visible es la caída del riesgo país, que ya se sitúa por debajo de los 500 puntos básicos, frente a los 2.500 que marcaba a finales de 2023.
La auditora Deloitte estima que la deuda pública cerró 2025 en torno al 48% del PIB, un porcentaje que iguala a la media iberoamericana y se sitúa incluso por debajo del de economías como México, Brasil o Uruguay. Este escenario ha reforzado el interés de los inversores por los bonos argentinos, que han protagonizado una fuerte subida en los últimos meses.
Según Deloitte, el país ha iniciado «un cambio estructural en su modelo económico» apoyado en tres pilares: la consolidación fiscal, la expansión de sectores estratégicos como energía y minería y un nuevo marco regulatorio. En este contexto, el superávit comercial se ha convertido en otro de los grandes motores de la recuperación. En 2024, el saldo positivo alcanzó un récord de 19.000 millones de dólares, impulsado por la recuperación agrícola y el auge de las exportaciones energéticas.
Las proyecciones apuntan a que la producción de crudo podría superar el millón de barriles diarios en 2028, generando hasta 19.000 millones de dólares anuales en divisas hacia 2030. A este empuje se suma la minería, con el litio y el cobre como principales apuestas de futuro, según publica El Economista.
El Gobierno prevé mantener la senda del ajuste en 2026, con un superávit primario proyectado del 1,5% del PIB. «Si el crecimiento continúa y mejora el acceso al capital internacional, los niveles de deuda no resultarían alarmantes», concluyen desde Deloitte.