Fue el símbolo de un cambio de doctrina de Estados Unidos en Hispanoamérica
Seis meses después de la captura de Maduro: la operación militar con la que Trump recuperó el control del Caribe
Seis meses después de la captura de Maduro: la operación militar con la que Trump recuperó el control del Caribe
Nicolás Maduro. Redes sociales
Por Carlos Rioba
4 de julio de 2026

La captura de Nicolás Maduro cumplió el viernes seis meses convertida ya en algo más que una operación militar. Fue el símbolo de un cambio de doctrina de Estados Unidos en Hispanoamérica: volver a ejercer poder directo en el Caribe, asumir que Venezuela era el centro del conflicto regional y dejar claro que Washington no estaba dispuesto a ceder su propio continente a regímenes hostiles ni a la influencia de China, Rusia o Cuba.

Tal y como ha reconstruido David Alandete en un artículo en Abc, durante casi diez meses, la Administración de Donald Trump mantuvo en la región una fuerza capaz de desembarcar hasta 1.000 marines en un solo día, interceptar petroleros sancionados, combatir en Haití y operar a escasa distancia de Venezuela. En el centro de ese despliegue estuvo la 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines, al mando del coronel Thomas «Banshee» Trimble.

La unidad había zarpado desde Norfolk con un destino distinto: Europa y Oriente Próximo. Pero recibió una orden que cambió toda la misión. «Cuando nos dijeron que debíamos girar hacia el sur, tiramos por la borda ocho meses y medio de planificación», explicó Trimble. El Caribe pasó a ser la prioridad.

El comandante lo resumió con una frase política y militar: «Esto era en defensa de la patria. Estábamos operando en el patio trasero de EE.UU.». Esa idea explica el fondo del despliegue: Estados Unidos volvía a tratar el Caribe como un espacio estratégico propio, no como una periferia diplomática.

La 22.ª Unidad Expedicionaria de Marines, formada por unos 2.200 efectivos, operó embarcada en el USS Iwo Jima, un buque de asalto anfibio de más de 250 metros de eslora. Desde allí, Washington sostuvo una presencia militar permanente y móvil, sin depender de bases fijas ni del permiso de terceros países.

Uno de los principales mensajes fue el ejercicio anfibio en Puerto Rico. Según Trimble, la operación buscaba demostrar que Estados Unidos podía proyectar fuerza en tierra y desembarcar «600, 800 o incluso 1.000 marines en un solo día». A unos 1.500 kilómetros de Caracas, la advertencia al chavismo era evidente.

El despliegue no fue sólo disuasión. En Haití, los marines reforzaron la embajada estadounidense en Puerto Príncipe, en una ciudad dominada por bandas armadas. Trimble relató que se produjeron «múltiples incidentes violentos» en los que sus hombres «recibieron fuego y respondieron al fuego». No hubo bajas estadounidenses.

Entre diciembre y enero, la unidad participó también en cinco operaciones marítimas contra petroleros sancionados que transportaban crudo venezolano. La presión militar se combinaba así con el golpe económico: dificultar la exportación de petróleo, cortar ingresos al régimen y aumentar la presión sobre Cuba, uno de los grandes soportes del chavismo.

En ese escenario llegó la operación más sensible: la captura de Maduro. Trimble evitó dar detalles, pero explicó que las unidades expedicionarias de Marines están diseñadas para apoyar a fuerzas especiales y servir como plataformas desde el mar en misiones de alto riesgo. La unidad proporcionó capacidad de reacción y apoyo aéreo adicional.

La caída de Maduro tampoco cerró la misión. Con la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas en marzo, los marines pasaron a proteger la legación y facilitar el regreso de la bandera estadounidense a Venezuela. El 23 de mayo, dos convertiplanos MV-22B Osprey sobrevolaron Caracas y aterrizaron junto a la embajada en un ejercicio de evacuación de emergencia.

Seis meses después, el despliegue deja una conclusión política clara: Trump convirtió el Caribe en el principal escenario de su ofensiva regional. La captura de Maduro fue el golpe visible; detrás hubo meses de presión militar, control marítimo y una advertencia a los aliados del chavismo: Estados Unidos ha vuelto a mirar hacia su propio hemisferio.

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