Ningún alto funcionario de la Casa Blanca viajará a Brasil a finales de este mes para asistir a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se celebrará en Belém del 10 al 21 de noviembre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido priorizar la energía nacional y el crecimiento del empleo dentro del país antes que la agenda climática global impulsada por la ONU.
La decisión forma parte de la línea política que Trump ha defendido desde su regreso a la Casa Blanca: la desvinculación de Estados Unidos de organismos internacionales que, en su opinión, socavan la soberanía nacional. Por ello, el mandatario retiró al país del Acuerdo de París sobre el Clima, cumpliendo así la promesa que ya había hecho durante su primer mandato. La salida implica que Estados Unidos deja de financiar al Fondo Verde para el Clima —mecanismo impulsado por Naciones Unidas—, al que su Administración considera una estructura ineficaz, ideologizada y destinada a transferir miles de millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses hacia proyectos sin resultados tangibles en países en desarrollo.
«Estados Unidos no enviará ningún representante de alto nivel a la COP30«, ha declarado un funcionario de la Casa Blanca a AFP. Y ha añadido que el presidente «mantiene un diálogo directo con líderes mundiales sobre temas energéticos, centrado en acuerdos comerciales y de paz que fortalecen las alianzas estratégicas en materia de energía».
El gesto refuerza la posición de Washington frente a la burocracia climática internacional: mientras Europa se hunde en regulaciones verdes y tasas de carbono, Trump insiste en recuperar la independencia energética y reactivar el empleo en sectores como el carbón, el gas y el petróleo, considerados vitales para la soberanía nacional.
La ausencia estadounidense marcará una cumbre ya de por sí debilitada. Brasil anunció que menos de 60 líderes mundiales han confirmado su asistencia a la precumbre de noviembre, y que ni China ni India —principales emisores globales— enviarán a sus jefes de Estado.
Mientras tanto, el país anfitrión, Brasil, enfrenta críticas por su propia incoherencia. Tal como ya contó LA GACETA, el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha promovido la construcción de una carretera que atraviesa parte de la selva amazónica para facilitar el acceso a Belém, la ciudad sede de la COP30. Una obra que simboliza la hipocresía de una cumbre que predica «salvar el planeta» mientras destruye el entorno que dice proteger.