«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
asegura que ha sido «secuestrado»

Un informe asegura que el dictador Maduro pasa las noches en prisión gritando «¡Soy el presidente!»

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, escoltados por agentes de la DEA hasta un tribunal de Nueva York tras su captura el 3 de enero en un ataque de Estados Unidos contra el país sudamericano. Europa Press.

El depuesto dictador socialista venezolano Nicolás Maduro pasa las noches en prisión gritando «Yo soy el presidente» y denunciando que fue «secuestrado» por Estados Unidos, según un informe publicado por el diario Abc. El exmandatario permanece recluido en el Centro Metropolitano de Detención (MDC) de Brooklyn tras su arresto en Caracas el pasado 3 de enero durante una operación policial estadounidense.

Maduro, buscado desde hace años por las autoridades estadounidenses por múltiples cargos de narcoterrorismo, dirigió el régimen venezolano desde marzo de 2013 hasta comienzos de 2026. Se mantuvo en el poder tras unas elecciones fraudulentas en 2018 y 2024. En la operación realizada en Caracas también fue detenida su esposa, Cilia Flores.

Ambos permanecen encarcelados en Nueva York a la espera de una audiencia prevista para el próximo 26 de marzo. Maduro se declaró inocente el 5 de enero y continúa insistiendo en que es el presidente legítimo de Venezuela. También ha exigido que el Estado venezolano pague sus honorarios legales.

Según Abc, Maduro se encuentra en la Unidad de Aislamiento (SHU) del MDC, un área destinada al confinamiento en solitario de reclusos considerados de alto riesgo o especial notoriedad.

El propio diario describe que esta unidad cumple oficialmente varias funciones: aislamiento disciplinario, prevención del suicidio o protección de internos especialmente vulnerables. En la práctica, implica un régimen de aislamiento casi permanente.

Las fuentes citadas por Abc señalan que el aislamiento de Maduro responde a «razones de seguridad prolongadas», ya que sería uno de los reclusos de mayor notoriedad que ha pasado por ese centro penitenciario.

Un abogado de un preso venezolano que se encuentra en un pabellón cercano trasladó al diario el testimonio de su cliente. Según ese relato, Maduro pasa noches enteras gritando desde su celda, una estancia de aproximadamente tres metros de largo por dos de ancho con cama metálica, lavabo, inodoro y una pequeña ventana.

De acuerdo con ese testimonio, el exmandatario repite frases como «¡Soy el presidente de Venezuela! Díganle a mi país que me han secuestrado, que aquí nos están maltratando», además de pedir que se transmitan mensajes a su familia y a otros presos venezolanos.

Maduro está representado en el proceso por el abogado estadounidense Barry Pollack, conocido por haber defendido en el pasado al fundador de Wikileaks, Julian Assange. El exmandatario está acusado de conspiración para cometer narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión y conspiración para poseer ametralladoras y artefactos explosivos.

A finales de febrero, Pollack envió una carta al juez federal Alvin Hellerstein en la que denunciaba que la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no permite que el Estado venezolano pague los honorarios legales del acusado. El abogado sostiene que, según la legislación venezolana, el Gobierno debe asumir los gastos del presidente y de la primera dama.

Tras la detención de Maduro, el régimen venezolano quedó bajo la dirección de Delcy Rodríguez, que asumió el papel de presidenta interina mientras mantenía sus cargos de vicepresidenta y ministra de Petróleo. En los últimos meses ha alcanzado varios acuerdos con Estados Unidos en materia energética y de recursos estratégicos.

Washington reconoció formalmente a Rodríguez como jefa de Estado de Venezuela el pasado 5 de marzo, tras restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países después de siete años de ruptura. El Departamento de Estado reiteró además que Estados Unidos no reconoce a Maduro como presidente desde enero de 2019 y lo considera un acusado de narcoterrorismo pendiente de juicio en un tribunal federal.

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