La persecución contra los cristianos en Nigeria alcanza niveles dramáticos. Según informes de diversas ONG internacionales, citados por La Razón, al menos 850 fieles permanecen cautivos en campamentos yihadistas, sometidos a torturas, trabajos forzados o directamente asesinados si sus familias no logran reunir el dinero del rescate.
Entre las víctimas figuran sacerdotes, religiosas y jóvenes, secuestrados en distintas operaciones recientes en estados como Enugu y Kogi. En septiembre, varias monjas fueron liberadas tras el pago de fuertes sumas, mientras otros pastores siguen desaparecidos.
La violencia islamista contra los cristianos nigerianos no es nueva. Desde la irrupción de Boko Haram en 2009, se calcula que más de 19.100 templos han sido destruidos, saqueados o clausurados violentamente. La cifra equivale a un promedio de 1.200 al año, cien al mes y más de tres al día.
El resultado ha sido un éxodo masivo de al menos 15 millones de desplazados, familias enteras que han debido abandonar aldeas y parroquias para huir de las matanzas. Los testimonios recogidos por las organizaciones denuncian que niños cristianos secuestrados son enviados a orfanatos islámicos en el norte del país, donde sufren procesos de conversión forzada al islam.
La persecución afecta tanto a las parroquias católicas como a las «iglesias de vestidura blanca» de la Organización de Iglesias Instituidas Africanas (OAIC) y a otras denominaciones protestantes.
Los informes también señalan la complicidad de unidades especiales del Ejército y de la Policía de Nigeria, acusadas de secuestros, asesinatos y desapariciones forzadas de pastores y líderes religiosos. Según la ONG Intersociety, las autoridades justifican estas acciones bajo el pretexto de operaciones contrainsurgentes en el sureste, contra movimientos vinculados al independentismo de Biafra.