Arabia Saudí, Turquía y Pakistán han firmado este viernes un histórico acuerdo de defensa mutua que establece que cualquier ataque contra uno de los tres países será considerado una agresión contra todos ellos, en plena reconfiguración del equilibrio de poder en Oriente Próximo y ante el aumento de las tensiones con Irán y sus aliados regionales.
El denominado Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca fue rubricado por el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán; el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; y el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, después de cerca de un año de negociaciones.
El pacto une militarmente a tres de las principales potencias del mundo musulmán suní y contiene una fórmula de defensa colectiva que recuerda, aunque con un nivel de integración muy inferior, al principio fundamental de la OTAN: una agresión contra cualquiera de los firmantes será interpretada como una agresión contra los tres.
El acuerdo supone un importante salto en la cooperación militar entre Ankara, Riad e Islamabad y aparece en un momento de extraordinaria inestabilidad regional, marcado por el enfrentamiento con Irán, los ataques de grupos vinculados a Teherán y las dudas sobre la capacidad de Estados Unidos para seguir ejerciendo como garante exclusivo de la seguridad del Golfo.
Un nuevo eje entre el Golfo, Anatolia y una potencia nuclear
La alianza reúne a tres países con capacidades militares muy diferentes pero complementarias. Turquía posee el segundo mayor Ejército de la OTAN, una poderosa industria militar propia y una creciente capacidad para producir drones, buques, vehículos blindados y sistemas electrónicos.
Pakistán dispone de uno de los mayores Ejércitos del mundo y de armamento nuclear, además de décadas de cooperación militar con Arabia Saudí.
Riad, por su parte, posee enormes recursos financieros, uno de los presupuestos de defensa más elevados del planeta y una posición estratégica fundamental tanto en el Golfo como en el mundo islámico.
La combinación convierte el pacto en uno de los movimientos geopolíticos más significativos protagonizados por las potencias suníes durante los últimos años.
Los tres gobiernos han insistido, no obstante, en que el acuerdo tiene naturaleza defensiva y no implica la creación formal de una nueva OTAN islámica ni el establecimiento de una alianza nuclear. Tampoco se han divulgado por ahora todos los compromisos militares concretos derivados del tratado.
Arabia Saudí teme nuevos ataques de los aliados de Irán
La firma se produce en un momento especialmente delicado para Riad. Arabia Saudí considera posible sufrir ataques coordinados desde dos frentes diferentes, procedentes de las milicias respaldadas por Irán en Irak, al norte, y de los hutíes de Yemen, al sur.
Las autoridades saudíes manejan información de inteligencia sobre posibles ataques contra infraestructuras energéticas, puertos, aeropuertos y otras instalaciones estratégicas del reino.
Las tensiones se han agravado además tras los ataques con misiles y drones registrados durante los últimos meses y después de la escalada regional desencadenada por la guerra con Irán.
El nuevo pacto permite a Riad rodearse ahora de dos importantes aliados militares no árabes y transmite a sus adversarios un mensaje especialmente claro: un ataque contra territorio saudí podría dejar de ser considerado exclusivamente un conflicto bilateral.
Casi un año de negociaciones
El acuerdo no surge de la nada. Pakistán y Arabia Saudí ya habían firmado en septiembre de 2025 un Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua que establecía un principio similar: una agresión contra cualquiera de ambos países sería considerada una agresión contra los dos.
Las relaciones militares entre ambos Estados se remontan, además, a varias décadas. Pakistán ha proporcionado históricamente formación, asesoramiento y cooperación militar a las Fuerzas Armadas saudíes.
La incorporación de Turquía eleva ahora aquella relación bilateral a una nueva dimensión.
Ankara e Islamabad mantienen también una intensa cooperación militar. Ambos países han firmado durante los últimos años numerosos acuerdos de defensa que abarcan desde guerra electrónica y formación militar hasta cooperación industrial y desarrollo tecnológico.
Turquía ha profundizado simultáneamente sus relaciones con Arabia Saudí, incluida la venta de sistemas militares y drones fabricados por su creciente industria de defensa.
El nuevo tratado consolida así una estructura triangular que hasta hace pocos años habría resultado difícil de imaginar por las diferencias existentes entre Ankara y Riad sobre distintos conflictos y movimientos políticos de Oriente Próximo.
El factor Irán
Aunque los tres gobiernos insisten en que el pacto no está dirigido contra ningún Estado concreto, resulta difícil separar su nacimiento de la profunda alteración del equilibrio regional provocada por Irán y sus aliados.
Arabia Saudí lleva años enfrentándose indirectamente con Teherán por la influencia sobre Oriente Próximo. Irán mantiene relaciones con una amplia red de grupos armados en Irak y Yemen capaces de amenazar directamente al territorio saudí.
El acuerdo de La Meca constituye por ello una señal de disuasión frente al eje iraní, aunque también introduce una nueva variable en las relaciones de las tres potencias con Israel. Turquía mantiene relaciones especialmente tensas con el Estado hebreo, mientras Arabia Saudí conserva una posición distinta y Pakistán no reconoce diplomáticamente a Israel.
Reuters señala que los tres países están preocupados tanto por la creciente agresividad iraní como por las operaciones militares israelíes, aunque el pacto ha sido presentado oficialmente como un mecanismo general de seguridad regional y no como una alianza dirigida específicamente contra Teherán o Jerusalén.