La agencia de inteligencia de Australia investigó hace seis años a uno de los autores del atentado perpetrado este domingo en la playa de Bondi, en Sídney, por sus presuntos vínculos con una célula del Estado Islámico (EI) activa en la ciudad. Así lo ha revelado la cadena pública ABC citando a fuentes anónimas de la ASIO, el principal servicio de inteligencia del país, mientras la Policía ha confirmado que los atacantes actuaron como padre e hijo.
Según estas informaciones, los servicios antiterroristas australianos consideraban que uno de los agresores mantenía una relación estrecha con un individuo detenido en julio de 2019 y posteriormente condenado por preparar un atentado yihadista en Australia. La investigación de entonces no concluyó que el sospechoso representara una amenaza inmediata, lo que llevó a que no se adoptaran medidas adicionales.
Altos funcionarios citados por ABC sostienen además que ambos atacantes habrían jurado lealtad al Estado Islámico y que en el vehículo utilizado para perpetrar la matanza se hallaron banderas del grupo terrorista, aunque la Policía de Nueva Gales del Sur ha evitado confirmar oficialmente este extremo.
El director general de la ASIO, Mike Burgess, reconoció públicamente que uno de los atacantes era «conocido por los servicios de inteligencia», si bien insistió en que no estaba clasificado como un riesgo inminente. «Obviamente tenemos que investigar qué falló», admitió ante los medios.
Las fuerzas de seguridad identificaron a los autores como un hombre de 50 años, que murió tras enfrentarse a la Policía, y su hijo de 24 años, que permanece hospitalizado bajo custodia policial. Ambos abrieron fuego contra una multitud reunida en un parque cercano a la playa de Bondi, uno de los enclaves turísticos más concurridos de Australia.
El atentado dejó 16 muertos, entre ellos una niña de diez años, y al menos 40 heridos, varios de ellos menores. La Policía confirmó que el agresor fallecido tenía licencia de armas desde hacía una década y poseía al menos seis armas registradas, recuperadas tanto en el lugar del ataque como en su domicilio.
Las autoridades han descartado la existencia de más sospechosos y continúan investigando los fallos de seguridad y de control que permitieron que un individuo previamente investigado por radicalismo islamista perpetrara una de las peores masacres en la historia reciente del país.