
Ciudadanos japoneses dicen basta ante el rápido incremento del islamismo en el país. Hace escasos días, habitantes del distrito de Miyahara, en la ciudad de Fujisawa (prefectura de Kanagawa), volvieron a expresar su rechazo frontal a un ambicioso proyecto impulsado por la asociación FUJISAWA MASJID: la creación de un gran complejo religioso que incluiría mezquitas y un camposanto islámico en una parcela de unas diez mil metros cuadrados.
Mientras la administración municipal insiste en mantener una posición estrictamente neutral —al tratarse de una iniciativa promovida por una corporación religiosa y no por el propio consistorio—, el clima social alrededor del asunto se ha tensionado visiblemente. A día 1 de noviembre, más de veinte mil personas habían estampado su firma en una campaña digital que reclama frenar el plan urbanístico, y el descontento se ha extendido por redes sociales y foros locales.
El debate, lejos de quedarse en internet, ha tomado forma en la calle en forma de llamadas de protesta, reparto de panfletos informativos y reuniones vecinales. Entre quienes se oponen al proyecto se repiten dos inquietudes principales: un posible empeoramiento de la convivencia y la percepción de que la seguridad de la zona podría verse comprometida.
Pese a este ambiente enrarecido, las autoridades municipales no tienen previsto abrir audiencias públicas abiertas a toda la ciudadanía. La decisión mantiene a muchos residentes con la sensación de que sus preocupaciones quedan en un segundo plano, mientras el proyecto sigue avanzando dentro de los cauces legales establecidos.