«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Etiopía, que posee una tradición cristiana de aproximadamente 1.700 años, se ha convertido en uno de los escenarios más preocupantes

Denuncian una ola de ataques islamistas contra cristianos en Etiopía, Nigeria, Mozambique y Sudán ante el silencio de Occidente

Persecución contra cristianos en Nigeria. Europa Press.

La persecución contra los cristianos se extiende por amplias regiones de África mientras Bruselas y las grandes organizaciones internacionales mantienen un silencio difícil de justificar. Las últimas imágenes procedentes de la región etíope de Oromia muestran decenas de cristianos ortodoxos asesinados, templos atacados y comunidades históricas sometidas a una violencia creciente. No se trataría de un episodio aislado, sino de una ofensiva que se reproduce en distintos puntos del continente, según reporta Brussels Signal.

El exdiputado griego Konstantinos Bogdanos denuncia que África afronta una campaña de violencia islamista que se extiende desde Nigeria hasta la República Democrática del Congo, Mozambique, Sudán y el Cuerno de África.

Etiopía, que posee una tradición cristiana de aproximadamente 1.700 años, se ha convertido en uno de los escenarios más preocupantes. El autor advierte de que, si la comunidad internacional continúa sin reaccionar, los grupos extremistas interpretarán esa pasividad como una señal de impunidad.

El silencio selectivo de las élites occidentales

Bogdanos acusa a los gobiernos occidentales, las ONG y los grandes medios de aplicar un doble rasero. Cuando otros colectivos son perseguidos, sostiene, la maquinaria internacional de condena y movilización se activa de inmediato. Sin embargo, cuando las víctimas son cristianas, el relato desaparece de la agenda pública.

A su juicio, esta omisión responde al temor de que informar sobre los crímenes cometidos por grupos islamistas provoque reacciones políticas en Europa o sea denunciado como «islamofobia».

Nigeria representa uno de los casos más graves. Durante años, aldeas cristianas del cinturón central han sufrido ataques, asesinatos y expulsiones, mientras la Unión Europea continúa enviando miles de millones en ayudas sin exigir garantías suficientes para la protección de las comunidades perseguidas.

En el norte de Mozambique, los terroristas vinculados a Estado Islámico han destruido pueblos, asesinado civiles y obligado a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares. En Sudán, iglesias e instituciones cristianas han sido atacadas en medio de una violencia que también golpea a las poblaciones no árabes.

Una amenaza que también se dirige hacia Europa

El abandono de estas comunidades no constituye únicamente un fracaso moral. También supone, según Bogdanos, un grave error estratégico para Europa.

La retirada de la influencia occidental y el debilitamiento de las instituciones han dejado un vacío que está siendo ocupado por fuerzas islamistas cada vez más radicales. La misma ideología que ataca iglesias en África, advierte, busca también erosionar las sociedades europeas y sus raíces cristianas.

El autor reclama que la persecución de los cristianos se sitúe en el centro de la política exterior europea. Las ayudas al desarrollo y los acuerdos con gobiernos africanos deberían quedar condicionados a la protección efectiva de las minorías religiosas.

Bruselas no puede seguir financiando Estados que permiten, toleran o son incapaces de frenar la destrucción de comunidades cristianas históricas. El silencio de Occidente no protege la convivencia: fortalece a quienes interpretan la pasividad como una autorización para continuar avanzando.

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