
La emergencia por ébola en la República Democrática del Congo (RDC) se agrava entre violencia, desinformación y colapso sanitario. Una nueva turba de jóvenes irrumpió el domingo por la noche en una clínica de tratamiento de ébola en Mongbwalu, en la provincia oriental de Ituri, para exigir la devolución de los cuerpos de dos fallecidos por la enfermedad, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que los casos sospechosos en RDC y Uganda ya superan los 900.
Testigos citados por Breitbart News informaron de disparos en el Hospital General de Mongbwalu, situado en el epicentro del brote de ébola Bundibugyo. Algunas versiones apuntan a que miembros de la turba estaban armados, mientras otras indican que la Policía disparó para dispersar a los manifestantes.
«Hubo disparos y los médicos intentaban evacuar a los pacientes y al personal», explicó el doctor Richard Lokudu, director médico del hospital. El centro permanecía este lunes en alerta general, sin que estuviera claro si se habían producido heridos durante el altercado.
No se trata de un episodio aislado. El jueves, una turba atacó el hospital de Rwampara, cerca de Bunia, capital de Ituri, después de que el centro se negara a entregar el cuerpo de un popular futbolista local que habría fallecido por ébola. Los asaltantes incendiaron el centro de tratamiento.
El sábado, otro grupo atacó una clínica de tratamiento de ébola en Mongbwalu gestionada por Médicos Sin Fronteras (MSF) y prendió fuego a una de sus tiendas. No hubo heridos, pero 18 personas que estaban siendo sometidas a pruebas por sospecha de ébola huyeron del centro y no pudieron ser localizadas de inmediato para continuar el seguimiento sanitario.
«Condenamos firmemente este acto, ya que provocó pánico entre el personal y también la fuga de 18 casos sospechosos hacia la comunidad», afirmó Lokudu tras el ataque incendiario.
Las autoridades del noreste de RDC prohibieron el viernes los funerales y las reuniones de más de 50 personas para intentar frenar la propagación del virus. En las zonas afectadas, los funerales son considerados eventos de alto riesgo, ya que los cuerpos de las víctimas de ébola pueden ser altamente contagiosos y muchas ceremonias implican contacto físico con los fallecidos.
El problema no es sólo sanitario, sino cultural y social. Muchos residentes del este congoleño, especialmente jóvenes, rechazan las restricciones funerarias o directamente niegan la existencia del ébola. Algunos atribuyen las infecciones a la brujería y creen únicamente en remedios sobrenaturales o herbales. Otros consideran que el virus es un invento extranjero para oprimir a la población o incluso un arma biológica difundida mediante inyecciones en las clínicas.
La cepa que se está propagando actualmente es el ébola Bundibugyo, detectado por primera vez en 2007 en una región montañosa de Uganda del mismo nombre. Se trata de una variante rara, asociada sólo a otro brote conocido en el noreste de RDC en 2012. A diferencia de otras cepas, no cuenta actualmente con vacuna y puede escapar a pruebas diseñadas para detectar las variantes Zaire o Sudán.
Esa dificultad diagnóstica explica en parte por qué el brote pudo extenderse antes de que se declarara la emergencia. Muchas clínicas de la región estaban preparadas para identificar variantes más comunes del virus, pero no esta cepa concreta.
La mayoría de los casos se concentra en RDC, aunque Uganda ha confirmado nuevos contagios. Las autoridades ugandesas notificaron este lunes dos casos adicionales, elevando a siete el total de infecciones confirmadas en su territorio. Los dos últimos corresponden ya a contagios locales: un conductor y un trabajador sanitario expuestos a un paciente congoleño que murió en un hospital ugandés el 14 de mayo.
Uganda ha adoptado medidas para contener la propagación, incluida la suspensión del transporte público y aéreo con RDC, la cancelación de un importante festival católico previsto para el 3 de junio cerca de Kampala y la recomendación del presidente Yoweri Museveni de dejar de darse la mano mientras dure la emergencia.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó el domingo que el brote suma ya más de 900 casos sospechosos, incluidos 101 contagios confirmados. Las autoridades congoleñas sitúan también por encima de 900 las infecciones sospechosas en Ituri y zonas próximas, mientras distintas agencias de RDC han informado de entre 119 y 220 fallecidos.
La respuesta sanitaria se ve además obstaculizada por la inseguridad. Partes del este del Congo están bajo control de grupos insurgentes y yihadistas vinculados a Estado Islámico y a Al Qaeda, y más de un millón de personas han sido desplazadas de sus hogares, lo que dificulta el tratamiento, el aislamiento de pacientes y el rastreo de contactos.