El Estado Islámico (Dáesh) está reestructurando su estrategia global tras perder influencia en Oriente Próximo. Según informes del Consejo de Seguridad de la ONU, el grupo terrorista ha comenzado a reclutar expertos en ciberseguridad y a experimentar con inteligencia artificial (IA) para automatizar la radicalización y el reclutamiento de nuevos combatientes.
Fuentes de la Oficina de Lucha Antiterrorista de Naciones Unidas, citadas por la Cadena Ser, advierten que las células yihadistas utilizan herramientas de IA generativa para crear vídeos, audios e imágenes manipuladas, que se difunden a través de redes sociales y plataformas cifradas con el fin de atraer a jóvenes vulnerables y «normalizar» la narrativa del extremismo islámico.
«Utilizan la inteligencia artificial para incrementar su capacidad de manipulación psicológica y fomentar la autoradicalización», explica Manuel Gazapo para Cadena Ser, analista de seguridad y director institucional de Universae.
Desde los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, Dáesh ha perdido protagonismo en Oriente Próximo y busca rearmarse en África, especialmente en la cuenca del lago Chad, Sudán y Somalia, donde adiestra a nuevos combatientes. Su objetivo es exportar la yihad africana hacia Europa a través de rutas de migración irregular y redes de financiación descentralizadas.
Según el Real Instituto Elcano, las células de Dáesh operan hoy como «laboratorios de propaganda digital«, produciendo contenidos en varios idiomas con ayuda de empresas pantalla del Golfo Pérsico y del norte de África, capaces de traducir de forma automática mensajes yihadistas en cuestión de segundos gracias a la IA.
«Circulan vídeos en los que se recrea la figura de Bin Laden con voz y gestos sincronizados, como si siguiera vivo. Es una propaganda diseñada para mantener el mito», advierte Carola García-Calvo, investigadora principal del programa de terrorismo global del Real Instituto Elcano, también citada por Ser.
Además del frente tecnológico, Dáesh sigue adaptando sus mecanismos financieros. Sus redes operan con criptomonedas como Monero, KuCoin o Huobi, y utilizan sistemas de envío anónimo conocidos como «hawala 2.0«, una evolución de los métodos tradicionales de lavado de dinero.
Según los servicios de inteligencia internacionales, el grupo dispone de unos 10 millones de dólares en reservas, invertidos parcialmente en inmuebles en Oriente Medio. Otras filiales, como Al-Shabaab en Somalia, superan incluso los 100 millones de dólares en recursos.
Aunque las operaciones antiterroristas han reducido su capacidad de atentar directamente en Europa, la «Provincia de Jorasán» (ISIS-K) —la rama más activa de Dáesh— sigue siendo considerada por los servicios de inteligencia como «la principal amenaza exterior contra Occidente«. Su líder, Shahab al-Muhajir, continúa en paradero desconocido, y Estados Unidos mantiene sobre él una recompensa de 10 millones de dólares. La estrategia del Estado Islámico se desplaza así del campo de batalla al ciberespacio.